Homenaje a Pete Shelley (Royal Albert Hall)

 

Una noche especial donde las haya para los amantes del Punk mancuniano. A primera vista el cartel parece un sacacuartos para nostálgicos e incluso un insulto usando el nombre de Buzzcocks sin su alma mater presente. Y así fue, una mezcla de los dos ingredientes Punk por excelencia: algo muy energético y una estafa musical.

Este concierto estaba planeado desde 2018 como un aniversario de los Buzzcocks y su reconocimiento multitudinario en el palacio de la música británico, el Royal Albert Hall. Este no es un lugar cualquiera. Inaugurado por la reina Victoria en 1871 para entretener a la aristocracia londinense, ha resistido el paso del tiempo y modas albergando desde operas dirigidas personalmente por Richard Wagner, hasta artistas consagrados del siglo XX. Ahora era el turno de reconocer al Punk norteño. Desgraciadamente la muerte prematura de Pete Shelley en diciembre de 2018 rompió en pedazos este proyecto. Los miembros del grupo decidieron seguir adelante con el cartel y convertirlo en un tributo personal a Pete al que invitaron a amigos, artistas y caraduras varios cercanos a la banda.

Personalmente, lo tome como asistir al funeral multitudinario del señor Peter Campbell McNeish. Las entradas estaban casi agotadas así que tuve que estar arriba en uno de esos cubículos donde tienes una zona privada con sillas cómodas, mesa para dejar las copas de champagne y un espejo para peinarte. Justo al frente había una pareja con camisetas de grupos Hardcore US que no pararon de darse el lote durante todo el concierto. Mi viejuno conservador interior no paraba de sufrir de forma silenciosa, pero realmente agradecí que ese fuera el marco para ver a lo lejos pasar todas esas leyendas británicas en vez de comentarios de sexagenarios sobre quien estuvo cuando y donde.

La primera banda en salir fueron Penetration con Pauline Murray al frente. Poderosísima voz y una camisa flamenca en rojo pasión que se veía a kilómetros. El logotipo de la banda en rojo con fondo negro y una estrella de cinco puntas hizo que mi cerebro creyera que estaba viendo a los sevillanos Reincientes por unos segundos… pero no, eran los chicos de Ferryhill tocando algunos de sus éxitos: ‘Come into the Open’, ‘Movement’ y ‘Don’t dictate’ que abrió la veda a los primeros pogos. Se atrevieron también a hacer dos versiones, una de Buzzcocks (Nostalgia) y otra de Patti Smith (Free Money)

 

 

Los segundos en salir fueron The Skids. Contemporáneos escoceses de sus amigos ingleses, salieron con muchísima energía al escenario. Su cantante, Richard Jobson es una estrella mediática de casi 60 años, pero sigue en buena forma dando patadas voladoras y saltando sin parar. Tocaron casi todos los temas importantes incluyendo ‘Masquerade’ e ‘Into the Valley’. Se permitieron el lujo de tocar una versión de los Pistols ‘Pretty vacant’ y otra de Buzzcocks: ‘What do I get?’. Richard estuvo bromeando durante todo el concierto y dedicó una canción al neoyorkino Boris Johnson que fue bien recibida por la parroquia allí congregada. El sonido fue inusualmente alto para la sala y esto hizo que todo se magnificara. Los ánimos estaban ya bien caldeados para recibir a las estrellas de la noche.

Entre bandas, en la pantalla grande instalada al fondo se proyectaron fotografías de la banda en diferentes épocas y la imagen de Pete con las fechas de nacimiento y muerte. Me recordaba la imagen de Ian Curtis que tanto se repite en algunas camisetas en blanco y negro, y esto afianzaba la sensación de estar en un funeral mas que en un concierto homenaje.

El siguiente en salir al escenario para presentar a la banda fue Richard Boon. Con un bastón y una corbata de lunares, simboliza perfectamente lo que fue Pete Shelley para el punk: Un intelectual amanerado con ganas de romper las reglas. El que también rompió bastantes moldes en las grises ciudades norteñas fue su compañero de clase, Howard Devoto, y aunque no pudo estar en persona, dejó grabado un video homenaje con una canción descartada de un disco anterior que se proyecto en la pantalla gigante central de la sala. Tras este emotivo momento, salió a la palestra el periodista Paul Morley para presentar a la banda. Una de las formaciones originales salió al escenario y comenzaron con ‘Fast Cars’ y ‘Promises’ del tirón.

 

 

Aprovechando que tenían al público en el bolsillo desde el primer momento, la banda salió con más cara que espalda sin haber ensayado los temas. Fue un bochornoso karaoke donde apenas dieron pie con bola para finalizar los temas. En cierta parte, era a eso a lo que todos venían, a corear las canciones de su héroe caído en combate. Tuvieron varios invitados de lujo que ya venían anunciados con antelación y en cierta parte consiguieron que la sala prácticamente se llenara. El primero en salir a cantar ‘Boredom’ fue Captain Sensible, que precisamente es la persona menos aburrida de toda la lista… Pauline Murray cantó ‘Love You More’ y Peter Perrett hizo lo que pudo para no destrozar ‘Why Can’t I touch it?’. Richard Jobson salió de nuevo con su energía para defender ‘Fiction Romance’.

 

 

En este punto de la velada quedó claro que no estábamos allí para un concierto, si no para una reunión de colegas para celebrar la vida de su compañero de aventuras. Aún así, mi premio especial de la noche fue para Dave Vanian por su asombrosa voz en ‘What Do I get?’ y ‘Something’s gone wrong again’. Esta colaboración hubiese sido alucinante si hubiese continuado con Pete en vida. El toque tenebroso que Dave le da a los temas y su saber estar en el escenario hubiese sido impagable en el pasado. Otra estrella esperada de la noche fue el ex miembro de Sonic Youth, Thurston Moore, en los temas ‘Time’s up’ y ‘Noise Annoys’. La última colaboración corrió a cargo del chico de The Charlatans con eterna cara de adolescente, Tim Burgess. El de Salford clavó la voz de Pete en ‘Sixteen Again’ y ‘You say you don’t love me’ y supo llevar con una sonrisa de oreja a oreja la sensación de ser el único que no pegaba con el resto de invitados.

La traca final vino con ‘Harmony in my head’, ‘Orgasm addict’, ‘I don’t mind’ y ‘Ever Fallen in love…’. Para mi gusto faltó la genialidad de letra que Pete compuso como declaración de intenciones de la banda en 1979: ‘I believe’. Pero no se puede pedir más para una emotiva noche donde se mezclaron admiradores de la figura de Pete que llevan siguiéndole desde sus tiempos en el politécnico de Bolton hasta jovenzuelos, entre los que me incluyo, que le descubrimos en pleno siglo XXI. Las últimas palabras fueron pronunciadas por Greta, la mujer de Pete que dio gracias a su manager y dijo algo así como que sin los fans no habría banda.

 

 

Los fans no son precisamente tontos. Llegar a apreciar lo que Pete consiguió en sus primeros diez años de vida como artista puede ser una pesadilla para toda rata de biblioteca que se atreva a aventurarse en géneros musicales interesantes. Quiero terminar la reseña con parte de la letra de ‘I believe’ que epitomiza perfectamente lo que este sinvergüenza norteño, que se cambió el nombre para homenajear a un sureño (Percy Bysshe Shelley), quiso traer al mundo:

‘When I poison my system, I take thoughts and twist them into shapes

I’m reaching my nadir and I haven’t an idea of what to do

I’m painting by numbers but can’t find the colours that fill you in

I’m not even knowing if I’m coming or going, if to end or begin’

 

Sergio CGB

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