Karpatos/La Fe “Split” Lp (Varios Sellos 2019)

 

 

Pasado ya el tiempo necesario para la reflexión y, atendiendo a los gustos eclécticos que (no) nos caracterizan, vamos a ver que contiene este disco compartido entre La Fe y Karpatos que llega de la mano de La Negra, Pifia Records y Discos Mecagoedios. Entre la incesante avalancha de ediciones, parece que éste no ha tenido demasiada repercusión en las redes sociales, y tampoco veo la razón, comparándolo con cada mierda que nos meten por los ojos.

Para ser honestos, me voy a extender más con La Fe, porque la cara que ocupa Karpatos no la he escuchado más que un par o tres de veces. Es una ruidera ronca y caótica que no me termina de llegar. Si bien hay un par de temas que puedo salvar por su ritmo más agitado y las melodías perturbadoras que se deslizan debajo de todo lo demás, ‘Robo de poder’ y ‘La torre’, el resto me resulta psicodélicamente denso y monocorde. La voz gutural tampoco ayuda a captar mi atención.

A la cara de La Fe si que le he dedicado más escuchas y, aunque tras las primeras de ellas, creí que me gustaban más los dos ep’s anteriores, tengo que reconocer que me he acabado enganchando mucho más a estas seis canciones. Lo primero que destacaría es que compuesta la banda por miembros de otras conocidas formaciones, consiguen sonar radicalmente diferentes a cualquiera de ellas. El deje castizo de Rock urbano acidificado y literatura Pulp se hacen presente en cada una de las canciones que raspan el cerebro como una lija de fibra vulcanizada. En ciertos desvaríos de la guitarra, que es lo que destaca por encima de lo demás, escucho ecos de unos Stooges más enfadados y abrasivos que colocados, pero también de Punk sucio y machacón hecho en otras épocas en la península ibérica.

Batería y bajo, como no puede ser de otra manera por parte de quién se ocupa, están muy en su sitio creando esa atmósfera de oscuridad profunda que te satura el conocimiento por momentos. Los aullidos desgarradores y la voz, a ratos forzada hasta el paroxismo, te lanzan en una caída libre que no termina hasta tiempo después de la última nota.

Otra de mis primeras impresiones fue que el espíritu del disco era más pesimista que trabajos anteriores, y en esto no he modificado mucho mi opinión. Las letras, con extraños giros, turbias historias y referencias vagamente asimilables para cualquiera, forman un collage de escenarios borrosos y costumbristas al mismo tiempo, que pueden quitarte el sueño por tiempo indefinido. Las canciones que más me fascinan son la corrosiva ‘Se multiplican’ y la desquiciada ‘No sé qué hacer conmigo’, por su precisión indecente y su aproximación a ese estado vital fatigado que abunda en nuestras sociedades occidentales. La barrera entre realidad y ficción desaparece inevitablemente en todo el disco.

El arte se compone de ilustraciones, inconexas aparentemente, pero explícitas y angustiosas en cualquier caso, como la música que acompañan. Un disco digno a estar entre tus pertenencias.

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