Los 50 mejores discos (y X)

Y por fin, tras un año de relajado descenso hacia esas habitaciones traseras donde la intima memoria de nuestro redactor más nostálgico, Demian Álvarez, se junta con las anécdotas más desgarradoras y chispeantes, llegamos al ocaso de esta serie de artículos sobre las bandas que ocupan un lugar en su corazón romántico y melódico.

Sabíamos quiénes ocuparían el número uno de sus alabanzas y parabienes, pero ¿y los números anteriores?¿No son acaso tan merecedores de toneladas de palabras en una cuenta sobre 50 discos, nada menos? Descubrámoslo ya, y dejemos que el tiempo eterno sea juez de una de las mejores colecciones de discos que un ser humano haya podido pagar con su sueldo.

 

5. The Clash “The Clash”

 

 

Habrá quien se sorprenda de ver a los Clash tan abajo, lo mismo que algún conocido mío se sorprenda de verlos tan arriba. Famoso soy por meterles mucha caña a los chavales de la Westway. Siempre ando molestando a todo el mundo con la pregunta de quién es mejor, si los Pistols o los Clash, y ¡ay! de quien diga que son mejores los segundos. Sobre él caerá el peso de mis puños… que no, que es broma. Pero no porque considere que es una chorrada pegarse por estas cuestiones, que no lo considero, el problema es que soy un flojeras y apreció bastante mi pellejo. Chorra me parece pegarse por el furgol, por el triburbaneo, por hobby o por cuestiones viriles, pero no por una cuestión tan “vital” como establecer cual es el mejor grupo del mundo.

En fin, el caso es que mis ataques a los Clash, más que porque no me guste su música, que en general me gusta y mucho, vienen dados por el hecho de que en este país hay un montón de pesados que los defienden como defiende un jubilado de biblioteca a Mariano Rajoy: de la manera más insensata y fanática. Pero bueno, por esto tampoco pasa nada, son fanes y los fanes semos asín. El problema es la supuesta prensa musical seria. Los personajillos que la integran suelen vender la moto de que los Clash era un grupo super íntegro, honesto a más no poder, amigos de sus amigos y que encima hicieron el mejor disco de la historia del mundo mundial: el infravalorado a más no poder, ‘London Calling’. A estos plumillas los Pistols les sirven de contraejemplo perfecto para echar mierda. Ya sabéis, la cantinela de siempre de los que no tienen ni puta idea: que si era un grupo prefabricado, que si eran unos pijos (me descojono), que si no tenían personalidad, que si las letras las hacían Malcolm McLaren y Jamie Reid, que si eran peleles en manos de Malcolm, que eran un grupo comercial como pueden ser los Back Street Boys y todas esas patochadas que habrán sacado de ver The Great Rock’n’roll Swindle con ojos de borrego.

Todo esto ha calado en el punkismo, agravado por la negativa imagen de descerebrado total que se ha vendido del pobre Sid Vicious, alegremente adoptada por los punks más unineuronales.

Y ello nos lleva a las exageraciones más inauditas de los pajeros de los Clash, especialmente de la figura del tristemente desaparecido Joe Strummer. La oficialidad musical poco menos que nos dice que meaba colonia y cagaba nocilla, que era mejor tío que Gandhi y Teresa de Calcuta juntos, y porque murió joven que sino hubiera llevado a cabo la Revolución Mundial y acabado con el hambre en el mundo al mismo tiempo.

Claro, a quien pone esto en duda, llegan los talibanes, entre sollozos a gritar que no tengo ni idea, que solo quiero tocar los cojones y que ya me vale. Pues sí, tienen razón, pero la verdad es que, como en toda historia de grupo musical, hay evidentes claro-oscuros que humanizan la leyenda impoluta de los Clash.

En primer lugar, Bernard Rhodes, amigo y competidor de Malcolm, era tan manipulador o más que nuestro judío pelirrojo, de hecho fue quien terminó cargándose el grupo, haciendo que echasen a Mick Jones. Excepto Paul Simonon, el resto era de clase acomodada, mención especial para Joe Strummer, hijo de un diplomático y que mientra otros okupan por necesidad, Woody se lo tomaba como un pasatiempo. En principio, el origen, claro está, no hace ni mejores ni peores a los grupos, pero me hace gracia que los espabilados de turno llamen pijos a los Pistols, cuando eran clase obrera, muy baja en el caso de Rotten y lumpen directamente, en el caso de Steve Jones.

Para mí, los Clash fueron un grupo de grandes contradicciones, capaces de lo mejor y de lo peor. Contradicciones de las que ellos mismos eran conscientes, a tenor de lo que cantan en ‘Complete Control’ o ‘White Man in Hammersmith Palais’. Por un lado, hablaban de ser una banda de garage pero, a la que pueden, fichan por una multinacional yankee. Hablaban de estar aburridos de los USA, pero cayeron totalmente rendidos por la cultura yankee. Sus temas eran sociales y apelaban a la revuelta, pero terminan conduciendo Cadillacs y obnubilados por el capitalismo yankee. Es verdad que eran muy cercanos a sus fanes, pero estaban locos por ser estrellas del Rock´n´Roll.

Pues eso, como todo hijo de vecino, Strummer & co. tenían aciertos y cagadas. No vamos a poner solo lo malo. Aunque la compañía de discos muchas veces les tomó el pelo, es de agradecer su empeño en sacar discos dobles al precio de uno. Y el triple que sacaron igual (aunque este lo justificó menos, el ‘Sandinista’ es una chufa de cuidado) Lo que sí creo es que eran honestos y creían tanto en lo que cantaban que terminaron siendo conscientes de sus cagadas.

En conclusión, pues que no hay nada como tener buena prensa y que ciertas trolas se conviertan en costumbre para crear tópicos. Lo cierto es que los Pistols fueron mucho más honestos y consecuentes, y para mí eso les da un plus como el mejor grupo de todo los tiempos.

Pero una cosa hay que reconocer a los Clash, y es que realmente ellos y su primer disco, esta maravilla que todos conoceis, captaron como nadie el ambiente social y anímico del 77 desde una óptica Punk. Y no solo eso, lo consiguieron a través de potentes y pegadizos himnos, donde todos los temas son trallazos y donde todos pueden ser coreados de borrachera o incluso sobrio. Como en un momento dijo Mark P (otro seguidor crítico de los Clash) este disco es un espejo que nos enseña la verdad. Una realidad del 77, que para quien esto escribe, describe también mi sentir y mi vida, hace 20 años y en pleno 2017. Por desgracia para este mundo, es un disco que es atemporal, que capta perfectamente un momento de parte de la juventud de la época pero que vale para reflejar nuestro actual estado de las cosas. Evidentemente, algunas cosas se podrían cambiar, Londres es más probable que arda de aburrimiento por las redes sociales que por las televisiones, pero esta claro que el mensaje es más actual que nunca.

Otra de las grandes chorradas que se suele decir acerca del contraste Pistols-Clash es que los primeros eran unos mantas y no tenían ni puta idea de tocar, y para ello repiten sin cesar el nombre de Sid Vicious como si fuese una fórmula mágica de las de Jarri Poter. La cuestión es que los Pistols tocaban mejor, solo hay que escuchar los directos del 76/77 de ambos grupos para comprobarlo. Todo el mundo coincide en que Matlock era una máquina pero siempre me ha sorprendido lo infravalorados que están Cook y Jones. En los primeros tiempos, tocar bien lo que se dice tocar bien, lo hacían el otro Jones y Keith Levene, y a este le largaron echando leches. Strummer se defendía, y ya tenía experiencia, y Paul Simonon… pues bueno, el chico estaba empezando. Pero ¡ojo!, por una vez, esto no significa un punto favorable para las huestes de Lydon. Uno de los grandes valores de este primer y magnífico larga duración es el amateurismo que destila por los cuatro costados, lo cual se traduce en rabia, intensidad y esa extraña mezcla que tanto adoro del Punk británico de ruido brutote con magnífica melodía y grandes estribillos, cosa que parece muy sencilla, pero redios lo que cuesta conseguirlo. Fíjense hasta donde llegó las cotas de amateurismo y urgencia, que tras firmar el contrato con la poderosa CBS y ponerse manos a la obra, no se les ocurrió otra cosa que poner a los mandos de la grabación a su amigo Mickey Foote, que jamás había producido un disco. ¿El resultado? Pues la maravilla que todos conocéis, pero que poco gustó a los delicados paladares del putrefacto sistema musical americano. Así, el disco no llegó a publicarse en su momento en los USA por la cuestión del sonido. Parece ser que ante la fama que iban alcanzando grupo y disco, terminó alcanzando un modesto puesto en las listas yankees debido a que fue masivamente importado. Que buenos esos tiempos donde la chavalería iba por delante de las putas casas discográficas.

Y nada más, ha quedado claro el amor que profesó a los primeros Clash. Y como todo amor verdadero, cuando te rompen el corazón para dedicarse a perpetrar pajas mentales propias de cerebros abducidos por la cultura yanqui, pues es normal que un poco de resquemor quede. Eso y de ser los culpables directos del agropecuarismo y del rollito canallita patrio. Por desgracia, gracias a los Clash y a discos tan lamentables como el ‘Sandinista’ y el ‘Combat Rock’ nos hemos tenidos que tragar engendros tan indeseables como Amparanoia y Manu Chao. Ostia, no me digan que no es para cogerlos un poco de manía. Pero bueno, la culpa al fin y al cabo no es de ellos. No vamos a meternos más con ellos, sino a darles las gracias por reivindicar siempre la bandera del Punk y hacer discos tan memorables y atemporales, como el que aquí nos ocupa, y que ostias… ¡1977 ES LA CANCIÓN! Lástima no haber podido verlos en directo aunque fuese con el gañanazo de Tim Amstrong.

 

 

 

 

 

 

4. Squire ‘Hits from 3000 Years Ago’

 

 

Ellos son los culpables de la tarea interminable en la que me he embarcado. Y es que las peores ideas surgen fruto de la indignación por algo ridículo.

En mi caso vino por el hastío y el insoportable bochorno de un verano especialmente caluroso y aburrido. Esto me llevó a perder el tiempo en el nuevo opio del pueblo: las malditas redes sociales. En mi caso, el Facebook.

Allí, las masas informes acudían como locos a participar en una encuesta chorra de esas, con pocas palabras y muchos dibujitos, para que no se nos canse la vista, faltaría más. Esta vez iba de elegir los discos favoritos. Tú ponías uno y luego te salía la portada y luego todo quedaba muy cuqui cuando lo compartías con los amigotes y las jamonas.

Pues bueno, esa tarde de julio era tal mi grado de apatía e inmovilidad que ni siquiera me apetecía buscar porno, así que decidí participar en la puñetera encuesta. Y ahí estaba yo, poniendo grupitos y saliendo imágenes de disquitos. Hasta que llegó el fatídico momento. Le llegó el turno al megamaravilloso e hiperinfravalorado ‘Hits From 3.000 Years Ago’ y veo que no existe la opción de escogerlo.

¡¡¡¡La ostia puta!!!! Resulta que puedes elegir miríadas de discos mediocres, cutres y que no han vendido un pimiento y no puedes escoger un disco que es mejor que toda la puta discografía entera de los Beatles. ¿¿¿¿¡¡¡¡Pero a que clase de mentes enfermas se les ha ocurrido ese engendro!!!!???? Pues nada, en ese momento me dije, voy a escribir mi puta lista de los 10 mejores discos de la Historia, ¡¡¡¡voto a bríos!!!!! Pero no solo eso. Por desgracia, la indignación me llevó a la acción y la acción a la euforia, mala compañera de la tranquilidad.

Le empecé a dar vueltas a la cabeza y decidí que 10 eran muy pocos, que ya que estamos había que tirar la casa por la ventana, así que pensé en llegar a los 50. De ahí pasamos a la necesidad de compartir con tus amigos lo que en un primer momento piensas que es una idea genial. Craso error. Compartí mi idea con los otros dos miembros del Politburó, especialmente con nuestro Stalin tirillas-griego-mejicano del Punk, que dirige con puño de hierro esta santa casa. Eso fue mi definitiva perdición, ya no hubo vuelta atrás. No me quedó más remedio que embarcarme en esta Endiana superproducción que se va enfangando y enfangando más a medida que voy a avanzando con los grupos. Vamos, que me he metido en un atolladero del copón, con maese Lehendakari, metiéndome prisa cual editor histérico de ’50 sombras de Grey’. Mientras, servidor se ha ido obsesionando cada vez más por hacer los artículos más largos a medida que avanzaba en la lista, y arrepintiéndose constantemente por haber incluido tal disco o haberme olvidado de aquel otro.

Afortunadamente ya queda poco para ver la luz al final del tema pero ostias, puta encuesta de internet, putos Squire y sobre todo puto yo, por ser tan impulsivo y bocazas.

Pero la verdad es que el grupo y el disco se merece este pequeño aunque sentido homenaje.

La historia de Squire es curiosa. Quizás no abunda en historias de drogas, fans violentos o movidas políticas. En ese aspectos son poco sensacionalistas, y por tanto un tanto sosos, pero se ve ampliamente compensado por la rayada personalidad de Anthony Maynell, que como buen genio debía de ser un tanto caprichoso y dictador.

Lo más curioso es que ni siquiera podemos considerar a Squire el grupo de Maynell.

Squire nació a lo largo del efervescente año de 1977 como otra banda punkarra más, influenciados en su caso, por el ejemplo de sus conciudadanos de Woking, The Jam. Eran Ross Di Landa a la batería, Steve Baker a la guitarra y Enzo Esposito al bajo. El nombre lo pillaron de la tienda que tenían debajo de donde ensayaban.

Enzo era amigo del instituto de Paul Weller. Por eso mismo, les surgió la oportunidad de telonear a los que ya eran los héroes locales, The Jam, en junio de 1978. Pero a nuestros amigos no se les daba muy bien eso de escribir letras y hacer canciones. Parece ser que se limitaban a hacer versiones y a imitar a Jam y Dr Feelgood. Así que cuando les llega la oportunidad, en vez de acojonarse, deciden subirse al tren, pero con un as en la manga…. A lo largo de ese año, también en Woking, un joven Anthony Maynell, obsesionado por la música de los 60, se había dedicado a escribir y grabar una maqueta con canciones propias junto a su hermano Kevin, a la batería. Ya había probado con Squire pero ninguna de las dos partes quedó contenta con la otra.

Sin embargo, ahora se presentaba una buena oportunidad. La banda tenía el concierto con los Jam y Maynell las canciones, así que unieron fuerzas.

A partir de entonces, Squire pasó a ser la proyección de la personalidad de míster Maynell. Esto significaba apartarse del camino Punk para adquirir su inclinación mod. Sin embargo, el culto mod no tenía mucha presencia en Woking, así que tuvieron que marchar a buscar fortuna a Londres por sugerencia de un fan local. Allí formaron la primera línea del llamado Revival Mod junto a grupazos como Secret Affair (reyes indiscutibles), Purple Hearts, The Chords o Small Hours.

De hecho, su fichaje por la independiente Rok Records les permitió sacar el primer disco de la era revival, el afamado y pegadizo ‘Get Ready to Go’ en febrero de 1979.

Para celebrar este renacimiento modorro, los Secret Affair habían organizado un festival allí donde tenían su residencia, el Bridge House. Los integrantes de Squire se presentaron al concierto como público pero la fortuna les sonríó. Uno de los grupos que aparecían en el cartel, Little Roosters, a última hora se cayeron, lo que propició que Squire se subieran al escenario y más tarde fueran inmortalizados en el mítico disco ‘Mods Mayday’.

Además, allí entablaron amistad con Ian Page y David Cairns, que aparte de ser los cerebros de Secret Affair y los cabezas visibles del revival, habían montado su propio sello, subsidiario de Polydor, I-Spy Records. Así que ficharon a Squire y se convirtieron en los productores de sus siguientes sencillos.

El primero de ellos fue ‘Walking Down the Kings Road’, acompañado de ese auténtico himno que es ‘Its a Mod Mod World’. Canción que ha sido adaptada para el repertorio de tunas que canto cuando estoy más borracho que una mona y ha llegado el momento de los abrazos, la exaltación de la amistad y los berridos afónicos. Así Squire tiene el dudoso privilegio de acompañar a la Polla Records, Manolo Kabezabolo, Los Flechazos, Sham 69 y un largo etcétera de tonadas ebrias, que siguen la más viril tradición ibérica. Míticas fueron esas noches cantando a grito pelado magnífica adaptación del sinpar Rodolfo, aquel estribillo que decía: ‘EEEEEEssssssteeeee es un mundOOOOOOO mOOOOOOOOdddddd, cerveza inmediiaaaata, la faaaarlaaaaa nos atrapa!!!!!’, que hacían más llevaderos los paseos del Nueva Visión al Morgenstein, causando mofa y escarnio de transeúntes y vecinos.

Tras la grabación del siguiente single surgieron los primeros problemas en el seno de la banda, y Anthony fue preparando su ascensión al poder como un mini Stalin entallado en traje de tres botones y sta-prest. Resulta que Di Landa era un poco paquetillo con las baquetas y durante la grabación de ‘B-A-B-Y Baby Love’, Maynell aprovechó la coyuntura para largarle y meter en la banda a su hermano Kevin. Esto cabreó a Steve Baker, quien a su vez, dejó el grupo, disgustado ante el carácter dictatorial de Anthony. Así la banda quedó reducida a un trío.

De esta guisa sale al mercado su tercer disco: el increíble par de canciones que son ‘The Face of Youth Today’ y ‘My Mind Goes Around in Circles’. Con esto nos plantamos en 1980, la nueva década.

El impacto comercial del revival mod se fue tan rápido como llegó. A pesar de su innegable calidad, ninguna canción de Maynell llegó a puestos destacables en las listas. Los grupos de revival empezaron a ser repudiados y criticados por la canalla. Squire quedaron encasillados como grupo Mod para siempre y vivieron el silencio e indiferencia de la crítica musical que, mientras, lamía cimbeles de cosas tan lamentables como The Alarm, Rubinoos o Cheap Trick.

El asunto Mod volvió a su hábitat natural, el underground y las pequeñas salas, volviendo a ser un mundo cerrado, elitista y minoritario. Enzo, desilusionado se baja del carro y Squire entra en un limbo.

Sin embargo, Anthony Maynell tenía un buen puñado de canciones que quería que pasasen a la historia. Y joder, menos mal, esta vez su cabezonería nos salvó.

En 1981 consiguió que una independiente, Hi-Lo Records sacará a la luz estas canciones, a pesar de llevar un año sin tocar. Fue editado bajo el nombre de Anthoy Maynell. El título hace referencia a que eran canciones escritas años antes pero que ante el rápido transcurrir de los acontecimientos parecía que hubiesen sido de 3.000 años antes.

Del disco, qué os voy a contar…. Una maravilla de principio fin que mezcla con inigualable talento y originalidad lo mejor del Beat setentero, la cultura mod, la frescura de la Nueva Ola y la energía Punk. Ideal para ponérselo en primavera mientras paseas por el parque, en otoño mientras coges el metro bajo la lluvia, en invierno tumbadito en la cama o en verano mientras paseas por un bosque. Para mí, un disco perfecto, de los que tengo que escuchar 5 veces seguidas antes de cambiar a otro y que engancha más que la Coca-Cola.

Para sorpresa de propios y extraños, el disco se vendió bien en Estados Unidos. Ello animó a Anthony Maynell a reclutar a su hermano Kevin, y a Jon Bicknell al bajo, para lanzarse a una exitosa gira por California, donde fueron recibidos como héroes. Maynell entonces decidió recuperar el nombre de Squire, ya que entraba mejor entre la nueva parroquia mod yanqui y europea. Así, el grupo se pusó en marcha de nuevo sacando una serie de singles que culminaron en la edición de un segundo LP, el fantástico ‘Get Smart’, “más sesentero y menos mod”, así entrecomillado, porque se acercaba más a la Psicodelia y al Surf, pero igualmente un discazo, que incluye mi canción favorita de ellos, ‘Jesamine’, la cual, los cabrones no tocaron las dos veces que fui a verlos.

Su popularidad va creciendo. Se crea un activo club de fans que llega a la cifra de 1.500 miembros. Para celebrarlo se lanza un disco especial que solo se podía conseguir por medio del citado club. Se trataba de una recopilación bautizada como ‘Something Old, Something New, Something Borrowed’. Incluía un directo y la primera demo de Maynell con canciones inéditas.

Este éxito les llevó a girar por Europa y por las islas, llenando hasta la bandera las pequeñas salas y pubs donde actuaban, convirtiéndose en el grupo de referencia para la segunda oleada de jóvenes mods revivalistas, en un momento donde los grandes nombres del ’79 se habían esfumado (Nine Below Zero, Chords, Purple Hearts, Secret Affair) e incluso los propios Jam se habían separado dejando a la parroquia mod huérfana de grupos, hasta la llegada y consolidación de una segunda generación, con grandes nombres como Small World, The Gents, The Kick, The Moment y los indiscutibles abanderados del purismo mod: Makin’ Time.

Mientras, Squire se convirtieron en puente entre unos y otros. De tal manera que nos plantamos en el famoso año de 1984. Como anticipo de un próximo LP, salió al mercado el mini álbum ‘September Gurls’, que incluía la versión del mismo nombre de la banda de Alex Chilton, Big Star, pioneros del Power Pop, como fruto de la creciente influencia que iba teniendo América en la música de Anthony.

Todo iba viento en popa a toda vela, el futuro parecía que sonreía a Squire. Todo el mundo pensaba que de un momento a otro lo petarían, pero quien estaba a punto de petar era el propio Anthony Maynell.

Con una de esas ventoleras que caracterizan a los genios, decidió que ya estaba hasta el gorro del asunto Squire, y disolvió la banda en plena grabación del futuro LP. Dejó con un palmo de narices a su hermano Kevin y a Jon, y se dedicó a otros menesteres.

Pero el nombre de Squire no cayó en el olvido, y su estatus de banda de culto continuó a través de los años. Ya en 1992 el sello Tangerine reedita sus discos y existe un clamor popular para la vuelta de Squire a los escenarios.

Cosa que finalmente ocurre en el aniversario del Mods Mayday de 1999. Desde entonces, Squire ha estado tocando regularmente, aunque más que de Squire, deberíamos de hablar de la familia Maynell, porque no contento con recuperar a su hermano, al bajo metió… ¡¡¡a su propio hijo!!! Squire sigue los pasos de la Kelly Family.

Anti Guays decidimos aprovechar la oportunidad y, allá por el año 2007, conseguimos traer a estas leyendas a la capital del estado opresor, por un más que módico precio. El concierto no decepcionó en absoluto, lleno hasta la bandera (de hecho las entradas se agotaran semanas antes y a día de hoy es record de asistencia en el Wurli), los mods emocionados, y algún modorro pureta amargado dando la chapa a los que nos suda la polla sus convencionalismos y nos gusta bailar pogo. Incluso algún insigne punki del Foro tuvo un episodio amoroso.

En cuanto a ellos, Kevin era un tipo muy majo y campechano que no dudó en mezclarse con la entonces chavalería (snifff!!!!) a tomar cervezacas y contarnos anécdotas, como las movidas de la última gira de USA y las idas de perola de su hermano.

Los otros dos eran más bien del género sosías, un poco rancios, al contrario del chochete de Anthony Maynell, una japo muy retaco y maja, que se sentaba en el escenario agitando la cabeza al ritmo de las canciones.

Debido al gran recibimiento, volvieron a repetir en un par de ocasiones con idénticos resultados. Eso sí, los muy cabrones nunca tocaron Jesamine. ¡¡¡¡¡Nunca te lo perdonaré Carmena!!!!!

 

 

 

 

 

 

3. Eater ‘The Album’

 

 

INTRODUCCIÓN: APERTURA DE CORAZÓN PARA QUE USTEDES SE PARTAN EL CULO.

El Punk parece haberse convertido en algo respetable, en algo sesudo, que requiere de complejos trabajos sociológicos y que incluso da para una asignatura en alguna que otra universidad. En definitiva, estamos asistiendo a la jazzificación del Punk, o lo que es lo mismo, su definitiva conversión en una música políticamente correcta para gente de clase media y mediana edad, donde confortablemente uno entra, se adapta, se relaciona y abandona, en busca de una moda más sofisiticada y psuedo intelectualoide.

En fin, ya que el Punk es cosa del pasado y pasto del mundo académico, apuesto a que nuestros sesudos investigadores, en sus clases magistrales, sin duda deberán hablar de Eater. Si hemos convertido al Punk en ciencia, estos chavalucos del popular barrio londinenses de Finchley fueron el paradigma de lo que fue el primer Punk inglés, el bueno, el significativo, el mejor.

Eater lo tenían todo. Eran insultantemente jóvenes, descarados, gamberros, provocadores y nihilistas. Tuvieron una intensa y fugaz existencia para terminar renegando del Punk, cabrearse entre ellos, ser ignorados por la puñetera clase sacerdotal del Punk, y ser reivindicados y aclamados por un sector cabezota y selecto, para terminar juntándose, con, de nuevo, anécdotas bizarras, cabreos personales, y caos y cinismo allá donde fuesen.

No hace falta que les diga que Eater me acompañan como banda sonora de mis interminables fracasos, de mis fallidas aventuras y mis más bizarros episodios desde mi infame juventud. No hace falta que diga que quiero a Eater más que a la mayoría de las personas que me rodean. Son como esos malos simpáticos que siempre la cagan pero que resultan entrañables y que, para mí, son más importantes que España, Cataluña, Europa y que buena parte de mi familia. Así que no esperen objetividad, no esperen equidistancia. Para mí es imposible, ya que los responsables del disco aquí mentado, me han hecho disfrutar durante interminables mañanas de resaca, tardes de monotonía y noches de gañanería. Es por ello que todos su posibles defectos quedan escondidos en un rincón, debajo de la alfombra.

DESARROLLO. GLOSARIO DE GESTAS Y HAZAÑAS.

Como por ahí arriba se ha dicho, Eater desde su propio origen, infancia, influencias y barrio representan como nadie aquello que tantas veces nos han contado sobre el Punk.

Entremos en materia. En el popular barrio de Finchley, nace y crece en el seno de una familia numerosa y disfuncional Ashruf Radwan. Sí, como han imaginado, su origen es musulmán pero no crean que mucho. Su padre era una especie de Omar Shariff de la vida. Un guaperas que terminó casándose con una inglesa corriente y moliente para parir un buen número de hijos, de los que Ashruf era el más pequeño. Pero no piensen ustedes que el buen progenitor era un hombre de respetar el Corán, sino más bien de gañanear por ahí, así que pronto el matrimonio hizo aguas y se divorció.

Se pueden imaginar que con ese apellido y ese panorama familiar, nuestro héroe no iba a ser el más popular del instituto, ni el más guay de la fiesta, ni mucho menos el estudiante modelo. Hoy en día, lo mismo el joven Ashruf se hubiese refugiado en el islamismo radical, las drogas de diseño, el juliganismo furgolero, o todo a la vez, pero en aquellos tiempos los chavales inadaptados tenían el Rock como primera opción donde refugiarse. Y claro, a mediados de los 70, lo que se llevaba en las islas era esa cosa tan excesiva y hortera conocida como Glam.

Los primeros intentos de montar una banda fueron junto a varios de sus hermanos pero la cosa no prosperó. Así que volvió a la carga de nuevo junto con su mejor amigo del colegio. También de Finchley. Se trataba de Brian Haddock, compañero de correrías y robos de Ashruf, quien estaba desarrollando una acusada ludopatía. Siguiendo los pasos del gran Steve Jones, va a ser de este modo como se hagan con todo el equipo necesario para ponerse manos a la obra, aunque fue el hermano de Ashruf, Lufi, el encargado de afanar el material, a cambio de que le dejasen ser el batería del grupo.

Como todo aspirante a estrella del Rock que se precie, deciden cambiarse los nombres. Ashruf se va a convertir en Andy Blade, Brian en Brian Chevette y Lufi en Social Demise.

Mientras todas estas aventuras suceden, cuatro jóvenes cabreados del norte de Londres inician su andadura, causando revuelo allá donde van. La mayoría los detesta pero cada vez que tocan convierten a los marginados, a los andróginos y a los modernillos en seguidores incondicionales. Poco a poco, concierto a concierto, va aumentando el número de fieles de esta nueva e impactante banda, generando un nuevo culto alrededor de ella. Sí señores, hablamos de los Sex Pistols. Algunos plumillas valientes se pasan por el forro los dogmas y reglas de la prensa musical y empiezan a hacerse eco del incipiente movimiento musical, que será conocido como Punk. Uno de ellos fue el periodista del Sounds, John Ingham, quien tenía la intención de elaborar un dossier que aglutinará a los nuevos grupos de Punk. Para ello, pone un anuncio en la revista que lee el recién bautizado Andy Blade. Allí pone que pare ser un grupo punk hay que ser joven y no saber tocar, puntos que cumplen perfectamente ya que no pasan de los 15 y no dan una derechas en su torpe imitación del Glam.

Así que, ni cortos ni perezosos, se ponen en contacto con John y concertan una cita en el local de ensayo del grupo que ya ha decidido llamarse Eater, en homenaje a una canción de T-Rex. Junto con John, acudió Rat Scabies, el chalado batería de los Damned. Fue quien les aconsejó que cogieran a los timbales a un chavaluco de apenas 14 palos al que estaba dando clases. Se trataba de Roger Bullen, mejor conocido como Dee Generate.

Antes, solo habían dado dos conciertos. Uno en la habitación de Andy y otro en Manchester, con los Buzzcocks de teloneros suyos. Sí, así como lo oyen, el grupo local, que ya tenía un pequeño nombre fueron quienes abrieron la velada, debido a que fue otro hermano de Andy, Hass, quien alquiló la sala donde tocaron. La fecha de tan mítico evento fue Noviembre de 1976. Se presentaron sin bajo y la cosa terminó en un desastre genuinamente Punk. Los Buzzcocks, más mayores, rodados y ya con cierta fama en la escena, y con apoyo local, se llevaron al público de calle. Mientras, nuestros protagonistas se presentaron con un bajista que no había ensayado con ellos, sin apenas ensayos y hechos un manojo de nervios, así que la cosa terminó como era de esperar, como el rosario de la aurora. Tocaron desafinados, a la segunda canción, el nuevo bajista, desesperado por no saberse las canciones, se bajó del escenario y se largó. El público local se entretuvo molestando al grupo mientras actuaba. Les escupieron, insultaron e incluso les tiraron sándwiches. En un momento de ofuscación, Andy cogió uno de los bocatas y lo arrojó de vuelta al estúpido respetable allí presente.

Maravilloso baustismo de fuego de nuestros amigos, señalando el camino de lo que va a ser el Punk: esa urgencia por actuar, el amauterismo extremo, la interacción con el público, la falta de vergüenza y la valentía para afrontar las situaciones adversas.

Tras el concierto, recibieron la felicitación de Howard Devoto, fascinado ante tal muestra de actitud y narices.

El artículo de Sounds les dio una buena publicidad, así que no les fue difícil encontrar un bajista, resultante de la típica audición tras poner un anuncio en la prensa musical, donde se especificaba que el bajista no debía de tener más de 16 años. El elegido fue Ian Woodcock, el típico fan de la música americana pero que por lo menos renegaba del jipismo y el rock progresivo.

Poco después, al finalizar 1976, Blade y Chevette organizaron un concierto en su instituto, junto con Damned y Slaughter & the Dogs. Para ello prometieron a sus profes enrrollados que ni fumarían ni beberían. Esta vez, ante la parroquia local y con el Punk en el calendero tras el incidente de Bill Grundy, el concierto fue un exitazo y como os podéis imaginar, las promesas de vida sana fueron imposibles de cumplir.

The Damned se convirtieron en los primos de zumosol de nuestros amigos de Finchley.

Al concierto acudió David Goodman, un jipi que había ejercido de técnico de sonido de los Sex Pistols y les había grabado sus primeras maquetas. El tipo resultó ser un pirata de cuidado. Se piensa que fue el responsable de sacar el pirata anónimo de los Pistols, Spunk, pocos meses antes del Never Mind The Bollocks. Hasta tal punto sería la cosa, que el bribón de Malcolm Mc Laren le dedicó la famosa frase que ha adornado chupas de Punkis durante generaciones: Never Trust a Hippie.

El caso es que junto a su amigo Dave Carusso, una especie de playboy libertino trasnochado, había fundado una disquera con el objetivo de explotar la nueva moda Punk. En un alarde de originalidad, supongo que motivado por el consumo de estupefacientes, pensaron que sería una genialidad llamarlo The Label, así con contundencia. Goodman se marcó como objetivo fichar a Eater, el grupo paradigma del Punk, que incluso habían afirmado con descaro que los Pistols eran demasiado viejos para el Punk. Para convencerlos, se marcó un trolón de los que hacen época.

Utilizando su prestigio punkil como colaborador de los jefes indiscutibles del nuevo movimiento, les dijo que Johnny Rotten estaba pensando crear un sello discográfico con su ayuda y que quería ficharlos. Lo que nuestros protagonistas no sabían es que la relación entre Goodman y el entorno Pistols no había terminado muy bien que digamos. Tuvo que ser Caroline Coon quien les dijese la verdad, confirmada por el propio Rotten con el estilo cruel, directo y sarcástico que caracteriza al genio de los dientes chungos.

Aún así, movidos por la ingenuidad y las prisas que caracterizan a la juventud, decidieron aceptar la oferta de The Label, tras una cena en un restaurante griego donde los dos jipis al mando consiguieron convencer a los padres de nuestros punkis favoritos.

Poco después, todas las compañías de discos se lanzaron a la loca caza de cualquier cosa que remotamente sonase a Punk, con suculentas cifras de libras como señuelo. Mientras, nuestros impacientes adolescentes recibieron la pírrica cantidad de 100 libras…. pero claro, a ellos eso les pareció la ostia ya que nunca habían visto tanta pasta junta. Eso sí, nadie les quitará el honor de publicar uno de los pimeros (y de los mejores) singles del Punk británico: en marzo de 1977 sale a la luz ‘Outside View’ y ‘You’. Sencillo que llegó a vender la nada despreciable cifra de 20.000 copias, por lo que podemos afirmar que los dos jipis trasnochados hicieron un buen negocio.

Eater se hizo un nombre en la escena Punk, dejando anécdotas inolvidables que han quedado en los anales de los tópicos del Punk. Una en especial sirve para zanjar la polémica sobre el uso de las esvásticas de los punks de la época.

Ríos de tinta han corrido sobre tal hecho, miles de sesudas teorías sociológicas e incluso absurdas equiparaciones con el fascismo.

Como siempre, la realidad parece ser que fue más prosaica. La teoría dice que utilizaban la denostada cruz gamada para provocar una reacción negativa, vamos, para tocar los huevos, hablando en plata. Lo que siempre se ha dicho que es la misión del Punk en el mundo es dar asco-pena-miedo, dependiendo de si eres un sano chavalote, una madre compugida o una abuela jubilada que lee el Hola, pero el propio Andy reconoce que simplemente lo que hicieron fue copiar a Siouxsie. Todo esto les metió en un pequeño lío, cuando el típico plumilla musical, recién salido de la universidad y por lo tanto un progre-pijo de manual, les entrevistó. Intrigado por la cosa sociológica del Punk, preguntó a nuestros amigos si eran de izquierdas o de derechas. El bueno de Andy vivía en la más absoluta inopia política pero no quería quedar como un ignorante y respondió que de derechas. Vio que había dado la respuesta equivocada por la cara del juntaletras…

Otro hito fue el ser incluídos en el mítico disco que recogía actuaciones en directo en el Roxy de grandes nombres del Punk.

Pero para mediados de año vino el primer gran drama de Eater y la primera piedra de su abrupta separación: el bisoño y carismático Dee Generate fue largado de Eater sin contemplaciones a causa de las envidias que estaba despertando en el seno de la banda por su mayor atención mediática. El colmo fue un reportaje para la tele en la que salía él solo de monólogo existencial. Esto fue aprovechado por Ian, que andaba siempre en broncas con Dee. Así se impuso en el pulso y Dee dejó Eater, y por ende el Punk, del que poco después renegó amargamente, recordando peleas con hinchas del Chelsea y problemas de todo tipo.

En su libro, Andy se arrepiente amargamente de su decisión y maldice los celos. Nosotros decimos, pelillos a la mar, ¿¿¿qué chaval no es egocéntrico y celoso??? Ninguno, ya se lo digo yo. Y en el caso de los punkis ni te cuento, sean chavales o estén a punto de cumplir los 41 añazos.

No obstante, la vida seguía, y el futuro pintaba brillante y soleado. El encargado de sustituir a Dee fue otro chaval del barrio, Phil Rowland. De escaso bagaje Punk, era el más músico de todos. No tardó en tontear con Slaughter & The Dogs, que estuvieron todo el rato comiéndole la oreja para que se uniese a ellos y hacer rocknrol dudua de verdá, baby, no esa mierda del Punk, sino ese Rock que mal llamais Punk, de poses, tatus, cigarrillos, camisetas blancas de tirantes y demás putas mierdas, que nada tiene que ver con lo que aquí nos gusta.

Pero no adelantemos acontecimientos. Antes de que eso suceda, 1977 transcurre entre giras accidentadas, fantásticos singles, gamberrismo, apología del Punk y conciertos ultraminoritatios en Holanda por coincidir con los Pistols.

1978 se inicia con la salida de esa maravilla, de un disco atemporal de Punk, que no solo refleja la magia de un tiempo, sino que sigue siendo tan vital, educador, visceral y anti social en la actualidad como entonces. Es la maravilla incluida en esta lista, es ‘THE ALBUM’, ridículo nombre escogido por Caruso para seguir con la idea conceptual. Andy bromea con que Eater se tenía que haber llamado THE BAND, para seguir con la patochada de Caruso. Él quería llamar al disco The Ant, más en sintonía con la inquientante guapi-fea portada de la magna obra.

¿Qué contiene? Pues eso, Punk de Champions League, directo, amateur y maravilloso, donde el bajo destaca sobre unas guitarras rasgadas y una batería machacona con la desgarrada voz de Andy escupiendo burradas en auténticos himnos como ‘No Brains’, ‘You’, ‘Get Raped’ (hoy sin duda, sería censurada en todos los entornos mal llamados punks), ‘Room For One’, ‘Thinking of the USA’ y todas las canciones que llenan el álbum. Hasta las típicas versiones de Bowie y la Velvet, más quemadas que la pipa de un indio, aquí molan mil por su sencillez y falta de escrúpulos para meterles velocidad y chapuza.

En fin, que me emociono y me vengo arriba. No hay nada más grande que el Punk y este disco es una de sus mejores personalizaciones.

Sin embargo, mi deber es seguir adelante con la historia de nuestros entrañables gamberretes. Como suele pasar con el Punk primigenio, el álbum terminó siendo el canto de cisne del grupo. Sacaron un par de Extended Plays, de esos que no son gran cosa, la verdad, y entraron en el estancamiento, paso previo al aburrimiento. No consiguieron dar el pelotazo comercial que ansiaban, y la moda Punk fue susituida por el engendro artificial e inofensivo de la New Wave. Nuestros amigos, como buenos jóvenes, impacientes y flipados, se aburrieron del Punk y fueron buscando el paso a caminos más rockeros. En estas, Rowland finalmente se piró a Slaughter, pero el mazazo definitivo llegó cuando Brian Chevette también se apeó de la burra. El cofundador de la banda dejó herida de muerte a Eater, que siguieron cual zombie de la tele, unos meses más, dándoles tiempo a publicar el ‘Reaching the Sky’, para mí su peor disco, para poco después y por mutuo acuerdo y gran cabreo de Carusso, anunciar su separación, cosa que finalmente sucedió a comienzos de 1979.

ATROPELLADA CONCLUSIÓN: NO HAY VIDA DESPUÉS DEL PUNK

Tras la desbandada, nuestros protagonistas renegaron del nuevo Punk y de los skins, para volcarse en las drogas, el jipismo, la vida disipada, los amoríos, las experiencias religiosas y, en fin, todo aquello relacionado con el síndrome de Peter Pan. Cosas fascinantes, sin duda, pero que no corresponde contar a nosotros. Aunque ustedes podrán conocerlas si leen la maravillosa autobiografía de Andy Blade.

Este podría ser el final de este laaaaaargooooooo artí-culo, sin embargo, con el misticismo que otorga el paso de los años, con el Punk de nuevo en el calendario por aniversarios varios y la explosión de los grupejos californianos, Eater volvió a la carga para el concierto aniversario de los 20 años del Punk, que se celebró en el festival Holidays in the Sun (AKA Rebellion). En el magno acontecimiento, el vil metal tuvo bastante que ver. Así, Chevette y Blade volvieron a tocar juntos. Puede que su antigua mala leche y energía juvenil se quedará por el camino, pero intacto estaba su sentido del humor. Míticas son las palabras de Brian Chevette antes de comenzar su concierto de vuelta a los escenarios: “Tenemos una noticia buena y una mala. Eater ha vuelto, pero nos hemos convertido en una orquesta de música sinfónica”. Como para no quererles.

La cosa no quedó ahí, les debió picar el gusanillo, y el dúo Chevette/Blade siguió dando conciertos con otros dos colegas. Lamentablemente la aventura no duró mucho. Líos de faldas agriaron la relación entre Blade y Chevette, hasta tal punto que el primero se niega a tocar ‘Room for One’, escrita por el segundo.

De nuevo, aquí podría acabar la historia, pero no. A nuevo aniversario del Punk, nueva reunión de Eater. Esta vez, junto con Dee Generate para dar un concierto en el mítico 100 Club.

Cuando me enteré de la noticia, me convertí en un manojo de nervios. No podíamos desaprovechar la oportunidad. Gracias doy a Dios todos los días por lograr convencer al gran Alfredo y arrancar esa gran hermandad del Punk que fue (y es) Anti-Guays en Gira. No hubo mejor manera de arrancar que presentarnos con el grupo más Punk de la historia, y bajo parámetros Punk, la verdad es que no decepcionaron. Tras una entrevista polémica en el añorado fanzine Mundo Subnormal, se presentaron en Madrid en buena forma (física). Andy, en plena crisis de la mediana edad y divorciado, se dedicó a la caza de zagalas madrileñas, junto con algunos célebres lugareños, creo que con no muy buena fortuna. Dee estaba más tranquilo y relajado. Todos ellos resultaron ser tipos muy majetes, que celebraron la alegría de vivir, agusto con nosotros .

En cuanto al concierto… Pues lo de siempre, bastante expectativa, y casi todo el mundo decepcionado. Muy del Punk, claro está. En honor a la verdad hay que reconocer que tocaron un poco lento y apáticos. A mí me dio igual, me lo pase pirata, berreando, subiendo a gente a hombros, bailando pogo y sudando como un pollo, rodeado de amigos, mientras veía a mis extraños héroes de juventud.

Es curioso, ese día todos los amigotes y colegotas terminamos diseminados. Todo grupúsculo tiene una historia loca, bizarra, divertida y estrambótica que contar, al puro estilo de la Historia Interminable, de donde se podría sacar una película al más puro estilo Resacón en las Vegas.. Ustedes dirán, claro, sois unos zumbaos y unos drogadictos, y sí, es verdad, pero fueron demasiadas a la vez como para creer en las casualidades. Seguro estoy que Eater trajó consigo el verdadero espíritu del Punk con ellos, y aquí se quedó.

Por desgracia, en la actualidad aunque puede que haya más gente joven, más grupos y más de todo, parece que el espíritu nos ha abandonado. Los autodenominados punks, aunque por fuera luzcan estupendas galas, compradas en los sitios más auténticos y molones, por dentro son la reencarnación de los viejos del ABC bajo del brazo. Los amantes de las bibliotecas y centros de salud no deben preocuparse… ¡¡¡tenemos relevo generacional!!! Malditos sean los sigue-modas sin criterio ni voluntad.

 

 

 

 

 

 

2. The Jam ‘Greatest Hits’

 

 

Los Jam, nombre épico, nombre clave. Quien más, quien menos debería conocer sus aventuras y desventuras. Te pueden gustar, los puedes odiar, pero sin lugar a dudas es uno de los grupos que salió de la llamada explosión Punk/New Wave que más fama, influencia y reconocimiento ha tenido.

Ponernos con notas biográficas, a estas alturas de la vida, con la red de redes, tropecientos libros, unos cuantos documentales y nosecuantosmil especiales en revistas y fanzines, pues como que no tiene mucho sentido. No vamos a aportar nada nuevo a nuestro sufrido lector. Por lo menos a aquel que le gusten The Jam.

Si es obligado para quien esto suscribe dedicar unas líneas de loas y alabanzas a mi grupo no (estrictamente) Punk favorito. Decir que es un rara avis en mi deleznable gusto musical. Es una de las pocas bandas que conozco que todos sus discos me parecen geniales, y uno supera a su predecesor, tocando, todos, palos distintos. Así tenemos el Pub Rock y el Punk del ‘In The City’, el Punk y el Art Pop del ‘This Is The Modern World’, el Pop en una amplia definición del ‘All Mod Cons’, el perfecto Power Pop del ‘Setting Songs’, el Power Pop más oscuro del ‘Sound Affects’ y por último un bonito cóctel de Folk, Pop, Funk y Soul de ‘The Gift’. Y oiga, todos me gustan. Hombre, algún truñete hay; nadie es perfecto. Pero en general todos estos discos están llenos de melodías enérgicas, positivas, mágicas, con letras emocionantes, dickensianas, reivinidicativas, ácidas e inteligentes.

Pues eso, para mí una maravilla. Mejor para levantar el ánimo que el Prozac y la tortilla de patatas, y mejor aun que pasear por un bosque caducifolio.

Pero claro, aquí había que destacar un disco sobre los demás. Tarea ingrata e imposible. Viendo el título, uno podría pensar que al final he tirado por lo fácil y mediocre. Eso de coger un ‘Greatest Hits’ como disco favorito no es muy de seguidor acérrimo. En verdad, lo que ha ocurrido es que ha podido mi lado sentimental y me he decantado por la vena nostálgica, cual Marqués de Bradomín en la Corte de Estella.

El disco en cuestión, no solo fue lo primero que pude escuchar de Weller y sus muchachos, sino que también fue el primero que compre en vinilo de Punk/New Wave. Antes solo había comprado un de los Pet Shop Boys y uno de Paul Mccartney (sí, lo sé, no tengo perdón de Dios). Por aquel entonces, las cintas se podían comprar en las grandes superficies y eran baratas. Así, me hice con el ‘Never Mind The Bollocks’ y el ‘The Clash’, por ejemplo. Además, este disco supuso mi primera toma de contacto con esa subcultura tan contradictoria y fascinante que es el universo Mod. Eso y el disco de Quadrophenia, de mi señor padre.

No obstante, aquí hubo un punto de inflexión: mientras el Quadropehenia me parecía un truño impresionante, este disco me fascinó y me atrapó por completo hasta el día de hoy.

Hemos hablado de la excelencia de los Jam a la hora de fabricar elepés pero sobretodo destacaban, como todo buen grupo de Pop que se precie, en la factura de impresionantes y míticos singles. Y este disco no es más que eso, una recopilación de las caras A de sus singles.

Así resulta fácil engancharse. Ni que decir que en mi tierna juventud sus trallazos punketos entraron mejor que una sopa castellana en diciembre, pero lo que era sorprendente, dentro de mi talibanismo punkil, es lo mucho que me gustaron el resto de temas. No solo las joyas Power Pop como ‘Down in the Tube Station at the Midnight’, sino que también las maravillas Soul a lo Motown como ‘Beat Surrender’. A partir de ahí, mi pasión por los Jam no solo no ha ido decreciendo con el paso del tiempo, sino que se ha ido convirtiendo en fanatismo. Y oiga, bien que está y bien que lo disfruto.

Larga vida a Weller, Foxton y Buckler, larga vida al Punk (aunque los punkis se empeñen en matarlo) y larga vida al Revival Mod (aunque los guardianes de museo y los seguidores de cine de barrio se empeñen en menospreciarlo).

Para terminar, los yutufs de rigor donde repasaremos la magnífica trayectoria de The Jam, poniendo temas que no salen en el disco, por aquello de hacer cosas que carecen de sentido. Una práctica divertida, entrañable y muy afín al Punk pero que por desgracia se está perdiendo. ¡¡¡¡¡Putas máquinas!!!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Sex Pistols ‘Never Mind The Bollocks’

 

 

Era obvio. No podía ser otro. No estamos hablando solo del mejor y más representativo disco de Punk. Estamos ante el disco definitivo del grupo más asombroso, fascinante, radical y rompedor de la historia de la música popular. El grupo que representa la venganza de la plebe contra los guays, los poderosos, los triunfadores y los bellacos conservadores, sean del sesgo ideológico, raza, religión o edad que sean. Nada igual hubo antes de ellos y nada ha sido igual después de ellos.

Han llegado críticas a nuestros oídos de que si hablamos mucho de los Pistols, de que si somos unos pesados, que si esto y lo otro…. Vamos a ver, gente de bien…. ¿de qué cojones vamos a hablar, teniendo un blog por afición, más que de aquello que nos apasiona, de aquello que consideramos lo más grande de la vida? Lo sentimos, consideramos que el Punk 77 y sus máximos representantes, los Sex Pistols, son la cosa más grande que ha parido la cultura popular desde la invención de la comedia clásica. Consideramos que su legado, vigencia y mensaje hay que reivindicarlos ahora más que nunca, en estos tiempos robotizados, fríos y llenos de falsas emociones y falsas sensaciones. Ante unos jóvenes punkis llenos de corrección política, modales, aburrimiento, etiquetas y defensores de estrictas reglas, no nos queda más remedio que refugiarnos en el caos, en la ira, en el humor ácido, en el gamberrismo asocial, en definitiva en el fantástico espíritu de la contradicción que representan los Pistols. Y es este espíritu lo que hace cuestionar las cosas, lo que hace no conformarte con la realidad y, por otra parte, desechar a los ambiciosos y a los triunfadores, poner en duda todo pero también defender lo justo aunque no sea lo covencional, ni lo aceptado. En definitiva, defender la contradicción porque es lo que hace avanzar al pensamiento. El Punk, los Pistols, no son/fueron una corriente político-ideológica, pero desde luego son política, en el sentido de un refugio para marginados, inadaptados, ya sean ricos, pobres, religiosos, ateos, guapos o feos. El Punk es para nosotros los raros, no lo duden amigos.

Y sí, somos unas locazas de los Pistols, lo cual en sí no es demasiado Punk, para que nos vamos a engañar, pero es que da mucha rabia ver como son menospreciados por los ignorantes y las mentes débiles, como su legado e importancia es constantemente infravalorado por juntaletras pedantes, resabiados que escriben sobre algo que ni les gusta, ni entienden.

Ni un libro bueno he leido sobre los Pistols escrito por un español. Todos ellos están llenos de tópicos, imprecisiones, estupideces sensacionalistas y, lo que es más patético, graves errores de documentación y pereza informativa. Es una situación vergonzosa que esperemos algún día se arregle. Por suerte, aunque poca, en nuestra ciudad, hay gente con el conocimiento, pasión y espíritu crítico necesarios para hacer un libro sobre los Pistols que nos haga olvidar los precedentes vergonzosos.

Ningún grupo o corriente ha impactado tanto en tan poco tiempo y encima teniéndolo en contra. Usted, querido lector, que disfruta tanto con la nueva gran sensación de Punk vendida por el Maximum´rock´n´roll desde el corn belt de los USA, le debe todo a los Sex Pistols. Si usted pertenece a la contracultura o al andreagraun es por los Pistols. Probablemente esté escuchando algún lamentable single de Garage sudamericano gracias a los Pistols. Ellos hicieron posible, con su éxito masivo, popularizar todas estas corrientes tan olvidadas. Sin ellos, los Ramones hubieran sido un triste grupo de Rock más, Nirvana no hubiera dado esa gran patada en el culo a todos esos asquerosos grupos de estadio y melenas de los 80, y ni siquiera la juventud rural podría disfrutar del calimocho y el costo culero mientras berrea la frase “KUAAAAALKIEEEER DÍIIIIAAAAA”.

Evidentemente, toda esta importancia cultural, social e incluso intelectual no hubiera sido tal, si a pesar de toda su imagen, su actitud y demás, se hubiesen marcado un churro-mediamanga-mangotero por disco. Pero no, a las inteligentes, originales y viscerales letras de Míster Rotten, se unió el talentazo de Glen Matlock, Steve Jones y Paul Cook, tres músicos infravalorados. Sus diferencias, musiciales, estéticas y filosóficas les terminaron separando prematuramente pero también propiciaron una extraña unión creativa que funcionó a las mil maravillas. Si a todo esto se le une la habilidad de Chris Thomas, pues el resultado fue el disco más importante, redondo y vitalista de la historia de la música. Un disco que llevo escuchando desde hace 25 años y que me sigue sonando tan fresco e impactante como el primer día.

De todas formas, entendemos que a nososotros no nos crean. Al fin y al cabo somos unas locazas de los chavales de Finsbury Park. Así que esta vez hemos decidido terminar el artículo, y la serie, con frases de personajes y leyendas del Punk y la nueva ola, sobre el impacto y la trascendencia que tuvieron y tienen los Sex Pistols. Si no nos creen a nosotros, creánles a ellos, que por suerte estuvieron allí para vivirlo.

Empezamos por Viv Albertine, la carismática y cacharrera guitarrista de The Slits, tan de moda en los círculos de seudo-culturetas por su fantástica y apasionante biografía. De ella, cogemos un extracto que define mejor que nadie lo que han representado los Pistols para generaciones de marginados, raros y defensores de la individualidad. Tener autoestima precisamente por ser diferente, no por ser uno más:

“John (Rotten) ha convertido en virtud todo aquello de lo que me avergüenzo. No se disculpa por ser como es y venir de donde viene (…) me parece un tipo muy valiente. Un revolucionario. Está enviándonos un mensaje muy potente, el mensaje más potente que pueda transmitir un ser humano. Sé tú mismo.”

Seguimos con el mismísimo Joe Strummer. Él mismo deja zanjada la eterna discusión de quienes son los reyes del Punk:

“Ayer pensé que era una porquería. Luego vi a los Sex Pistols y me convertí en un rey y decidí avanzar hacia el futuro.”

Turno de Andy Blade:

“Un concierto de los Clash era la leche. Los Sex Pistols hacían que quisieras cambiar tu vida.”

Howard Devoto, cofundador de Buzzcocks y cantante de Magazine, nos dice lo siguiente:

“Mi vida cambió en el mismo momento que vi a los Sex Pistols. Me quedé inmediatamente atrapado por la necesidad de hacer que ocurrieran cosas”.

Leamos la opinión de Pauline Murray:

“(Los Sex Pistols) Acabaron con un montón de bandas. Ahora puede sonar como un tópico, pero yo estuve allí cuando pasó. Todas aquellas bandas perdieron la seguridad en sí mismos cuando aparecieron los Sex Pistols”.

También pondremos la de Morrisey, la primera vez que los vio en el famoso concierto de Manchester:

“La primera actuación fue muy complicada. No estábamos preparados. Siendo como eramos del norte, no sabíamos como reaccionar; la gente estaba muy rígida”.

Paul Weller tras ver por primera vez a los Pistols:

“Creo que ha sido fantástico, algo trascendente (…) Algo mucho más importante que un puestecillo en las listas”

La genial Poly Styrene nos dice:

“El día que cumplí diecinueve años vi a los Sex Pistols en Hastings (…) Me gustaba la manera que tenían de escribir sobre lo que los rodeaba, hubo definitivamente un cambio de mentalidad. Significaba pintar el mundo como algo feo, que lo es, según como lo mires: pasan cosas espantosas, así que ¿porqué ocultarlas?”

Mucho más podría poner pero creo que ha quedado clara la idea. Nada más, ahora es nuestro turno, bueno, el mío creo que ya no, pero sí el vuestro. Todo este ingente esfuerzo no será una enorme perdida de tiempo, si usted, joven, que por una extraña casualidad de la vida, ha terminado aquí, ya sea feo, guapo, rico, pobre pero siempre marginal y raro, abandona sus pretensiones de ser el más guay del instituto y pasa de quienes dicen lo que te tiene que gustar, y se junta con sus pocos amigos para hacer ruido, cuando más alto y estridente mejor, desahogándose y riéndose de toda la mierda que le rodea. No dude que su blog amigo allí estará para apoyarle.

Os dejamos con lo verdaderamente importante: ¡¡los yutufs!!

 

 

 

 

FIN

2 Comentarios

  1. “Sin ellos, los Ramones hubieran sido un triste grupo de Rock más”

    Hasta donde yo sé, el Nervermind The Bollocks se publicó prácticamente a la vez que el Rocket To Russia (3º album de los de Queens).

    Además, Ramones publicaron su primer álbum en abril del 76 y en julio tocaron en Inglaterra. El primer single de Sex Pistols no se publicó hasta finales de ese mismo año.

    Yo creo que no son grupos comparables, pero ya que entras en la comparación, Ramones fueron por delante de Sex Pistols y, en mi opinión, han sido mucho mas influyentes que los ingleses en la música popular de las últimas décadas.

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    1. Sí, los Ramones fueron primero pero los Sex Pistols fueron los que dieron trascendencia, magnitud y carácter al Punk. es decir sin la explosión punk británica , los Ramones hubieran pasado por la historia de la música popular como unos Sonics de la vida. Influyentes? en lo musical? claro. Es mucho más fácil imitar a los Ramones que a los Sex Pistols. Para todo lo demás ponga a los Pistols.

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