Morir de pie o vivir arrodillado.

Iba a empezar a escribir una pequeña introducción para mi crónica de los últimos conciertos y al final me ha salido este texto, demasiado largo para una “intro”, por lo que he decidido publicarlo aparte a modo de columna de opinión.

¿El tema? ¿No lo adivinas? La escasez de conciertos de Punk en una escena que muere cada día un poquito más.

La falta de público, la falta de relevo generacional, la falta de salas y, también es verdad, la falta de interés están convirtiendo a Madrid en un secarral en lo que a visitas de grupos Punk de fuera se refiere.

De acuerdo que de vez en cuando nos sorprenden con un grupazo de los buenos (como Uranium Club, por citar el último ejemplo) pero, al menos en lo que llevamos de invierno todos los meteorólogos del Punk coinciden en que estamos viviendo una sequía absoluta. De acuerdo que no nos podemos quejar del todo porque entre el año pasado y el anterior hemos recibido la visita de grupos de primer orden, muestras de lujo de lo que se está haciendo fuera, mientras Madrid se muere poco a poco. Hemos tenido el placer de ver (no me cansaré de decirlo, quizás porque cada día me sorprende más) a Lumpy and the Dumpers, Cocaine Piss, Acrylics, Patsy, S.H.I.T., Warm Bodies… pero si lo comparamos con el tráfico que había en los 90 o en la década pasada en la capital, son solo pequeños espejismos en un desierto achicharrante. Un desierto cada día más árido en el que si quieres ver algo de Punk tienes que irte a ver por enésima vez a una de esas viejas glorias que siguen arrastrando su cadáver putrefacto (que ya huele mucho) y aprovechándose del nombre que les hizo grandes, sin aportar nada a la escena actual y robándoles público. O bien irte a ver algo, ya no de Hard Core, si no directamente de Crust o de Grind. Escenas que parece que aún tiene algo de vidilla por aquí y que se mueven. Pero lo que es Punk sin más, a secas, poco o nada.

No voy a hablar otra vez sobre una escena menguada y envejecida sin un relevo juvenil, ni de que los chavales están al Trap y pasan del Punk, ni de que los pocos conciertos de guitarras que se petan son de falso Punk o de grupos que eran Punk y ya no lo son; pero si me gustaría hacer notar el nuevo problema que ha surgido en la ciudad a raíz, por supuesto, de todo esto. Hemos llegado a un punto en el que las poquísimas salas de pequeño aforo disponibles para organizar un concierto de Punk (de verdad) en Madrid han pasado de contarse con los dedos de una mano a ser prácticamente una o ninguna.

Y hablo de pequeño aforo: de unas 50 personas. No nos engañemos, a no ser que sea un grupete famoso y/o de esos de “dejarse ver”, rara vez somos más de 30 almas en un concierto. Las salas con aforo para 100/200 personas siguen estando ahí, sí, pero no se trata solo de dar un concierto y que se quede la sala semivacía, se trata de que es imposible pagar el alquiler y a los grupos con 30 personas pagando en puerta 5/6 euros. Ni se trata, por supuesto, de subir precios, porque entonces en vez de 30 vienen 15.

Partiendo de que una sala es un negocio y que la gente no lo monta para perder dinero, no es este el espacio para traer de nuevo la polémica sobre los alquileres y lo de “pagar por tocar”. Creo que ya he hablado mil veces sobre eso. La cuestión es que la cosa esta así y la situación es alarmante.

Algunos buscan culpables en los dueños de las salas. No creo que lo sean en este caso. No son ellos los que están matando la escena. De hecho, tendríamos que besar el suelo por donde pisan algunos, que han estado cediendo sus salas sin cobrar alquiler durante mucho tiempo hasta que ya no han podido resistir más. En lugar de criticarles y acusarles de que se han cargado la escena (como hacen algunos ingratos), igual deberían agradecerles todo lo que han hecho por la escena, cuando han sido los únicos “empresarios” que la han apoyado durante todo el tiempo que han podido permitirse. ¿O es que acaso han hecho menos que aquellos que se intentan colar en un concierto o piden que les pongan en la lista de invitados siempre? Je.

También hay mucho hijo de puta, no nos engañemos y creo que a todos se nos ocurren un par de nombres sin pensar demasiado. Cabronazos que no han dudado un segundo en quitarte la fecha que te habían dado parar llevar a otro grupo que creen que va a llenar más. O mil tropelías más que tampoco vienen al caso ahora. Que una cosa es defender tu negocio y otra no tener palabra.

La cosa es que estamos en un momento en el que o bien encuentras un colega que te deje la sala gratis (entre semana, claro) o es inviable poder organizar un concierto para un grupo de Andalucía (o de California). Pero claro, entre semana ya no son 30 los que vienen, son menos aún… A veces no puede ni venir el grupo, je.

A ver, organizar se puede organizar, pero sabiendo que van a venir 30/40 personas. Al final sacas para pagar raspado el alquiler y el grupo no cubre gastos. Y aquí viene un poco lo que decía al principio de la falta de interés. Vale que hay poco público, pero cuando se trata de un concierto de los de “dejarse ver”, bien que se peta la sala. ¿Qué pasa entonces? Lo que he dicho mil veces, que a la gente no le interesa tanto el Punk como la foto o el vídeo para colgar en Instagram, o el chocar las manos y dar besitos a la peñita guay.

Sin salas comerciales, la gente vuelve a mirar hacia las okupas. Una escena que en Madrid siempre ha estado muy desvinculada de la otra, digamos, no politizada. Esa escena tiene su público fijo y sigue funcionando más o menos bien. Y, supuestamente, les interesa el Punk. Aunque luego descubres que a la mayoría solo les interesa la rave de después. Pero claro, todos sabemos que a veces las condiciones para tocar allí son peores que las de una sala y los obstáculos muchas veces son mayores. Aun así, no es siempre así y creo que están salvando un poco la papeleta en la ciudad. Aunque también es verdad que aquí es aún mayor la influencia de los estilos más “agresivos” y a veces un supuesto concierto Punk consiste en que unos grupos de Grind se dediquen a hacer punteos de Heavy Metal durante 30 minutos. Pero bueno, algo bueno siempre cae y hay que reconocer que esta pequeña resistencia funciona mejor que la de la otra escena. Como también hay que reconocer que determinadas propuestas no tendrán cabida en estos espacios…

Y después de este relato de terror, cabe preguntarse: ¿hasta cuándo?

¿Ponemos ya la esquela o esperamos un resurgimiento?

Por mucho que la gente eche pestes del Punk de los 90 (aunque una pequeña escena nostálgica sí que ha resurgido en la ciudad), creo que fue algo muy positivo. Entre tantas bandas, que surgían como setas en todas partes del globo, salieron grupazos (no pienses en Green Day o NOFX si no eres capaz de reconocer lo evidente y piensa en Rip Offs o New Bomb Turks). Y también fue positivo el que se pusiese de moda el Punk a nivel mundial porque eso implicó la atención de los medios. La atención de los medios implica público a raudales. El público a raudales implica salas dispuestas. Y desde ahí está todo hecho.

¿Que cuando se pone un estilo de moda hay que aguantar a muchos posers que se apuntan al carro? Posiblemente, aunque quizás deberíamos acotar quién es poser o quién no. Volvamos a finales de los 70 y primeros 80, cuando el Punk surgió y se puso de moda por vez primera. ¿Sham 69, The Business, Toy Dolls, Adolescents, Angry Samoans?¿Eran estos grupos posers? ¿No se apuntaron a una moda que no iniciaron ellos? Pues entonces igual eran posers, ¿no?

Pero más que posers o “auténticos”, quizás la tarea consista en separar los grupos que te gustan de los que no gustan y dejarte de imbecilidades de autenticidad, porque por esa regla de tres me parece que tú tampoco naciste siendo Punk, ¿verdad? De hecho el mismísimo Sid Vicious, el inventor del pogo!!, era una fashion victim obsesionado con el Glam en sus inicios…

Lo cierto es que la agitación Punk que hubo en los 90 en Madrid (y en todo el mundo occidental + Japón) fue fabulosa. Y una nueva oleada, un resurgir del Punk como moda, creo que vendría muy bien para atraer sangre nueva a la escena, aunque algunos sean unos advenedizos. Pero, te recuerdo, otra vez, que lo mismo pueden pensar de ti los punkies que estaban en el rollo antes de que escuchases a Eskorbuto por primera vez. ¿Qué prefieres?¿poder ver un concierto de un grupo de Texas super molón en Madrid gracias a que unos cuantos advenedizos compran la entrada también, o no verles nunca a no ser que viajes a Texas?

¿Qué el Punk debe ser underground? Bueno, es inevitable descojonarse de esa afirmación, jajaja. Eso quizás deberíamos consultarlo con sus inventores, ¿no? Los Ramones siempre quisieron estar en las listas de éxitos y se frustraban por no conseguirlo del todo. McLaren usó todo el marketing que pudo para encumbrar a sus pupilos, empezando por salir en la tele en los programas de mayor audiencia. Hasta los Clash ficharon por la esa gran multinacional superventas llamada CBS… Creo que no hace falta seguir poniendo ejemplos.

Y, sí, todos esos grupos que tienes ahora en la cabeza para dar una réplica, se apuntaron a una moda que ya existía. “El Punk no es una moda”, jajaja. Querer convertir la moda en “no moda” es una ridiculez extrema. Y, además, ¿me lo dices tú que te has apuntado a esa moda? Venga ya. Por no hablar de lo absurdo que es llevar un mensaje político súper concienciado y luego pretender que no trascienda, que se quede en el underground. Convertir a los conversos, muy útil.

¿Qué mola más ser underground? Ah, amigo, eso es otra cosa. Pero cuando ser underground significa ser solo 4 gatos y no poder montar ni un puto concierto o que nadie quiera poner pasta para sacar un disco porque solo va a vender 20 copias… ¿Qué prefieres? ¿Morir de pie o vivir arrodillado?

Aunque por desgracia, no parece que nos vayan a dar mucha oportunidad de desgastar las rodillas de los vaqueros. Pero quién sabe. ¿No dicen que la moda es cíclica? ¿Volverán las oscuras golondrinas sus nidos a colgar?

Mgrtn.

 

(N. de Ed: La foto que encabeza el artículo pertenece a un grafitti realizado en Oaxaca, México. Crédito a quién lo merezca.)

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