Sé Lo Que Hicisteis En El Último Concierto. Primavera 2018 (II)

No nos podemos quejar de los conciertos de estos dos últimos meses en la capital, pero, como siempre, podrían ser más abundantes. Lo que sí es cierto es que conciertos de Punk, lo que se dice Punk puro, cada vez hay menos. Y no solo conciertos, es que cada vez hay menos grupos de Punk. Grupos nuevos no surgen, al menos no con gente nueva, y los que ya existen o los formados con viejos conocidos de la escena han dado un giro radical hacia el Pop, el Postpunk o el Hard Core. Que no deja de ser Punk, pero… Así que mientras esas escenas gozan de buena salud (sobre todo el HC y el PostPunk), la escena puramente Punk agoniza lentamente. Aunque grupazos como Tipex consiguen que no muera del todo. Recemos…

 

 

Le Singe Blanc. 22 mayo 2018. Wurlitzer Ballroom.

Un poco menos de medio aforo para ver a estos franceses. Pero teniendo en cuenta que era entre semana y viendo los tiempos que corren, no está nada mal. Además, el público enseguida se contagió de la fuerza del grupo y bailoteó un rato armando un alboroto tal que parecía que había más peña de la que realmente había.

Trayectoria larga la de este grupo francés de Post Punk Experimental que se mueve bastante bien por la rica escena Noise europea en donde se les acoge con los brazos abiertos. Eso sí, ellos prefieren la fuerza bruta y huyen de crear atmósferas etéreas y del ruido por el ruido. Lo suyo también es bastante loco y atronador, pero siempre dentro de las matemáticas más puras y a base de músculo.

Conciertazo que hizo que gran parte de los asistentes se dirigieran, al finalizar, a felicitar a la banda. Lo cierto es que nunca suelo ver a tantísima gente acercarse a decir eso de “ha estado de puta madre” tras un concierto. Como ya he dicho, el público se contagió de la euforia del grupo y pudimos presenciar un show súper potente a la vez que ultrabailable. Locura exponencial, ritmos imposibles, actitud y una rica variedad de registros vocales (que es lo que les suele fallar a este tipo de grupos) que contribuían a que las canciones, que no son precisamente cortas, no se te hicieran para nada largas.

Si alguna vez tienes ocasión de verles, no te lo pierdas.

 

 

Antídoto + Kappa Kappa Kappa. 25 mayo 2018. “Donde siempre”.

Lo cierto es que a la hora de decidirme a ir a un concierto de un grupo que no conozco, escucho su bandcamp, como me imagino que casi todo el mundo, y si no hay otra cosa de mayor interés ese día, me apunto. Lo que pasa es que no soy muy de escuchar música en el ordenador (no sé por qué me da pereza) así que lo que suelo hacer es escuchar unos 10 segundos de dos o tres canciones (a veces solo escucho una) y tras comprobar que no son unos putos heavies de mierda, me animo. Siempre es mejor ir a un concierto que hacer otra cosa.

Pues bien, en este caso tendría que haber escuchado un poquito más, jajaja. A ver, cuando mezclas Blink 182 con Eros Ramazotti y con Ratos de Porao existe una mínima posibilidad, un 1% o menos, de que surja una genialidad. Desafortunadamente, los italianos Kappa Kappa Kappa, no estaban dentro de ese 1%. Había partes que molaban bastante, pero acababan cagándola por un lado o por otro. Tocaban bien, se notaba que sabían de música y tal, pero no acaban de salirse del manual. Todo demasiado de libro. Y las partes más brutas acababan perdiendo importancia cuando se dedicaban a copiar temas blanditos del Hardcore edulcorado supercomercial o de la canción melódica italiana. Encima fueron de los pocos grupos extranjeros de “Hardcore” que nos visitan y que tocan más de 20 minutos. No sé cuánto tocaron, pero se hizo eterno.

Me gustaron más Antídoto. Había escuchado previamente un adelanto de su disco en Youtube con el tema “Romper España” que me pareció un pepinazo. En directo, eso sí, sonaron bastante peor (cosas del sonido, cosas del directo), pero aun así mil veces mejor que los italianos. Veremos lo que le dura a Sally esa voz tan agresiva porque esta chica se va a romper, ya no España, si no la garganta. De hecho en la canción de Youtube llegué a pensar que era un chico el que cantaba. Los temas menos melódicos me gustan más, temas cortos y al grano, a piñón fijo. Los que tienen melodía, sobre todo en las voces, recuerdan bastante (e inevitablemente, por los miembros que comparten) a Accidente. Y las comparaciones son odiosas y la voz de Accidente está indudablemente a otro nivel.

 

 

Duds. 28 mayo 2018. Funhouse.

En esta ocasión ni siquiera escuché el bandcamp de la banda. Me bastó el que cantidad de amigos, con bastante buen gusto, alabasen a la banda y les pusiesen por las nubes. No se equivocaron, porque estos chicos de Manchester son la puta polla tocando. Máquinas perfectamente engrasadas capaces de poner a todo el mundo a bailar a base de Postpunk y Free Jazz, con unos cimientos muy rocanroleros.

Destaco sobre todo la labor del líder, que además de tener una voz perfecta, toca la guitarra con una actitud y un nivelón de los que quitan el hipo. Me encantaron los riffs de guitarra y las voces. Increíble, en serio. Muy bueno y muy imaginativo. Muy por encima incluso de los Shopping, por citar un grupo similar que nos visitó en esa misma sala el año pasado, con un estilo mucho más personal e igual de eficiente y eficaz, que ya es decir mucho.

Ahora viene la parte mala. Mientras que los Shopping me mantuvieron alerta y súper atento todo el rato, pese a que no fue un concierto corto, con Duds empecé en primera fila, me fui unas filas más atrás y finalmente al otro extremo de la sala para charlar con la gente que, como yo, había perdido todo interés. He de decir que la mayoría del público siguió el concierto al pie del cañón, con interés, pero sí que unos cuantos desertamos.

¿El motivo? El grupo no solo lo formaban ese excelente guitarrista con su voz alucinante y un bajista y batería muy competentes. Había una puta sección de vientos. Vale, puedo aceptar algún saxo o una trompeta en según qué grupos, pero tres fulanos soplando se me hace bola. Aún así, estaban muy bien integrados y hubiese podido resistirlo. Lo que acabó de matarme fue el segundo percusionista y su puto sonidito de cencerro en todas las canciones y sus putos ritmos de batucada. Lo que era una delicia de Postpunk raruno, potente y de calidad, se acabó convirtiendo en un concierto de Carlinhos Brown en los carnavales de Río de Janeiro. Lo siento, pero fue superior a mis fuerzas.

Tipex. 1 junio 2018. Wharf 73.

Nos trajimos de Valencia al grupo de moda. Lo que no sabíamos era que era el grupo de moda hasta que vinieron y se petó la sala. De hecho no sabíamos si íbamos a poder pagarles lo suficiente para cubrir los gastos de viaje con la taquilla. Pero al final: llenazo. Tendríamos que haber cogido una sala más grande, ya que se quedó gente en la calle y todo, sin entrada.

Pero la verdad es que estos valencianos con tan solo los temas de su primera referencia (que saldrán en vinilo en formato LP) colgados en su bandcamp y el boca a boca, consiguieron movilizar a casi toda la escena Punk de Madrid. Sí, incluyendo a algunos que solo van a sus propios conciertos y a nada más (esa gente). ¡Lo nunca visto! Vale, que también tienen muchos amigos y tocan en otras bandas valencianas conocidas. Eso también cuenta. Pero es que las canciones entran a la primera y tienen una sencillez y una perfección ante las que es imposible no rendirse si te gusta el Punk.

Además, la voz de la cantante es de esas voces que, sin ser “bonita”, teniendo un timbre que es un poco molesto incluso, engancha de mala manera. Se te clavan las melodías cosa mala y te aprendes las letras en tiempo récord. Súmale una base Punk contundente y sin grietas, clásica y sencilla, sin complicarse la vida más allá de algunos rasgos un poco melancólicos en las guitarras a lo Red Dons o similares. Apuesta ganadora.

En directo tocaron todos los temas (o casi todos) y uno nuevo en una línea muy similar. Sonaron muy parecidos, casi idénticos, a la grabación. Y eso que pasaron de hacer prueba de sonido y simplemente hicieron un poco de ruido antes del concierto para chequear que todo funcionaba. Desde luego les fue mucho mejor en cuanto a sonido que a nosotros que tocamos antes y que tras hacer una prueba de sonido satisfactoria, acabamos sonando a mierda, con el bajo y una de las voces prácticamente ausentes. Vamos, que muchas veces es mejor no hacer prueba. De hecho, yo me pregunto la mayoría de las veces para qué cojones sirve…

La gente lo disfrutó y se sabían las canciones. Cosa rara en una banda de reciente creación, sin disco físico aún y que nos visitaba por primera vez. Vamos que todo el mundo salió bastante contento y emocionado. Esperamos ansiosos el disco en vinilo ya.

 

 

Vigilante Gitano. 2 junio 2018. Wurlitzer Ballroom.

Estos titanes, tras unos añitos haciendo el vago, sin sacar nada desde aquellos tres 7”s de hace ya 8 y 7 años, se desmarcan, de repente, con un LP. Un discazo, por cierto. Podéis leer la reseña en mi blog.

El 2 de junio era pues cita obligada para cualquier punkrocker madrileño que se precie de serlo. Y allí estuvimos.

Creo que la palabra “apoteósico” se queda corta. Sonidazo, como nunca habíamos oído nunca en el Wurli (ni en ninguna otra de las salas habituales), macarrismo a raudales y una descarga de las que quitan el hipo. Tan solo atenuada por la interpretación de alguno de los temas nuevos que son más poperos.

De quitarse el sombrero, en serio. Salimos todos sonriendo y oliendo al ya habitual Baron Dandy que el Proxe nos escupe en sus aquelarres.

 

 

Muro + CPU. 6 junio 2018. Wurlitzer Ballroom. / Muro + Grabba Grabba Tape. 7 julio 2018. Wharf 73.

Con tan solo un mes de diferencia los Muro nos visitaron dos veces, al inicio y al fin de su gira europea. Ambos días nos ofrecieron unos 30 minutos de tremendas descargas de Hard Core Punk a toda pastilla y con una furia como pocas veces se ve. Brutales, en serio. Si hubiesen tocado solo 20 minutos hubiese sido sencillamente perfecto.

El día del Wurli fue todo más coherente y organizado. El día del Wharf tenían que estar parando entre canción y canción porque la batería se descuajeringaba todo el rato. Pero, a cambio, la mayor proximidad con el público, el tener que enfrentarnos a la mirada de hielo y la mala hostia del cantante, sin escenario de por medio, apenas a unos centímetros y el pogo intenso (con sangre y todo), hicieron de esta segunda fecha la ganadora.

CPU me gustan bastante. Porque son sencillos, porque no se complican y van al grano. Porque Waku es la hostia como front woman. Y que tocasen esta vez menos de 15 minutos me pareció una apuesta ganadora. A ver cuando los grupos reconocen que solo tienen una canción y que tocarla 15 o más veces es un puto coñazo.

Grabba Grabba Tape me gustaron más que la última vez (Con Zanussi en la misma sala). Un repertorio más directo, más conexo. Aunque, por desgracia, siguen parando entre canción y canción más tiempo del debido, a veces, incluso, más de lo que dura una canción. Me quedo con los temas más robóticos, con menos melodía Pop en los teclados. Molaron bastante.

 

 

Mörpheme + Deletär + Impacto + Capitán Entresijos. 22 junio 2018. “Donde siempre”.

4 bandas, una americana, otra francesa y dos locales: 3 euros. Quizás debería aprender un poquito el señor Jello Biafra de esto en vez de permitir precios de 24 euros por un concierto de Punk.

El Capitán Entresijos estuvo enorme. Agresivo, rápido, feroz y al grano. Nos ofreció un concierto bastante más corto de lo que suele ofrecer (lo que es de agradecer), con su sentido del humor y su agudeza de reflejos de siempre. Muy bueno.

Impacto me gustaron más hace unos meses en el Tambores de Guerra. No sé si es porque ahora les faltaba un guitarrista o qué, pero sonaron muy inconexos, con las canciones a medio hacer. Y no es que me desagrade eso (de hecho es algo que me gusta bastante), pero creo que no fueron capaces de transmitir la fuerza de la otra vez. Me la pela que toquen muy bien o que sean un mojón, pero creo que les faltó un poco más de punch. Quizás el público también tuvo que ver, que no fue tan numeroso y no les arropó tanto como en el otro show que vi de ellos. Aun así, creo que su apuesta es ganadora y tiene esa ilusión y ganas de la juventud cuando se vuelca en algo. Aunque personalmente no me guste el rollo tan positivo y prefiero que los grupos tengan más mala leche y se enfrenten al público en lugar de hacer manada buenrollista. Pero bueno, es su rollo.

Deletär, desde Francia, ofrecieron un concierto de Hard Core estándar, correcto en todo momento. No hay pegas. Pero tampoco se puede decir que destacasen.

Mörpheme era lo que esperábamos todos y no defraudaron. Empezaron con un temita Punk bastante calmado para lo que es su rollo. Perfecto para calentar. Ya desde el segundo tema se lanzaron en picado a dar zapatilla. D-Beat, Crust, Noise… en un estilo 100% japonés. No en vano dos de sus componentes son japoneses, pese a que la banda reside en San Francisco. 15 minutos de auténtico ruido y terror, a saco, sin coger prisioneros y con un pogo muy guapo. Brutales. Eso sí, luego estuve una semana con un hombro a tomar por culo…

 

 

S.H.I.T. 27 junio 2018. Wurlitzer Ballroom.

Sin duda una de las bandas más ruidosas del momento. Y, sin duda, uno de los conciertos más esperados de la temporada. Y gracias a esa expectación, a pesar de ser entre semana, conseguimos reunirnos suficiente gente como para medio llenar la sala. Vamos, que para los tiempos que corren, nos podemos dar con un canto en los dientes.

Los canadienses no defraudaron y nos dieron una buena ración de Punk y ruido. Velocidad, distorsiones desgarradoras y muchos gritos, completados con nuestro deporte favorito: el pogo. 20 minutitos de estar en la gloria, más un bis al que prácticamente les obligamos.

Eso sí, sonaron algo menos ruidosos que en disco. Y eso fue una pena. Aunque, gracias a eso, pudimos descubrir que sus canciones, debajo de toda la capa de suciedad que hay en los discos, son bastante más sencillas de lo que parecen, jajaja.

Pero vamos, que lo pasamos de puta madre. Más conciertos de estos y menos viejas glorias dando la brasa y robando el protagonismos a las bandas del momento.

 

 

Ángel y Cristo + Las Jennys de Arroyo Culebro. 29 junio 2018. Wurlitzer Ballroom.

25 (ejem) aniversario de Froilan Records, para celebrar su única referencia: el single compartido entre las dos bandas que actuaban esa noche.

La verdad es que estos dos grupos, a día de hoy, están un poco fuera de lugar en la escena. Rara avis en un panorama en donde todo se ha vuelto mucho más serio y no hay hueco para el espectáculo y el sentido del humor. Dos bandas que hoy reinan en solitario en su categoría, pero que a finales de los 90 y principios de siglo hubiesen pasado desapercibidas, en un panorama en donde la aberración reinaba sobre los escenarios. En donde la mismísima Pili (hoy en las Jennys) lideraba a los Lechones y ofrecía auténticos aquelarres de Punk y mal gusto.

Empezaron las Jennys, borrachas y ataviadas con camisetas del mundial de distintos países compradas en el Primark. Ofrecieron un concierto en su línea, con múltiples fallos y, por supuesto, sin impórtales una mierda los mismos. Pili nos deleitó con su socarronería habitual y su capacidad para improvisar insultos sobre la marcha y hacerle la vida imposible a algún que otro miembro del público. Los mismos temas de siempre, ya que llevan sin componer un montón de años. Me gustan más lo que son algo más frescos y poperos y los teclados nos acercan a los Pegamoides que aquellos más garajeros, con los que no acabo de comulgar.

Pero la cosa aún no se había ido de las manos. Ni las Jennys dejaron de ser protagonistas cuando empezaron los Ángel y Cristo. Estos interpretaron unas cuantas veces su “única” canción a la que van cambiando la letra (del hombre croqueta al hombre invisible, del hombre invisible al hombre bala). Solo que esta vez no tocaron la del Hombre Invisible porque no pudo venir. Aunque, sinceramente, no nos habríamos dado cuenta, “es invisible”!!!.

Solo vino uno de sus dos performers habituales, así que las Jennys se subieron a hacer algunos personajes. Y ahí empezó el descontrol. Tras acabar la canción, las Jennys se negaban a irse del escenario y al final se juntaron en el escenario, además de mogollón de personajes con disfraces absurdos, el hambre con las ganas de comer.

Héctor, el cantante y batería, empezó a sudar la gota gorda para encontrar el micrófono que los otros cambiaban de lugar mientras Gerarda, la “guitarrista” de las Jennys, le vaciaba un bote de gel en la cabeza. Lío de cables, instrumentos y personajes borrachos sobre las tablas, que terminó con una brutal Surferos del Tajo en donde Marla Moon, la china de Talavera, una espontánea de entre el público que cobró el mismo protagonismos que el resto de los “músicos”, surfeo sobre las cabezas de todos en la tabla de planchar. Caos final, broche de oro, para un concierto tan divertido como apoteósico.

 

Jello Biafra and the Guantanamo School of Medicine. 10 julio 2018. Sala Copérnico.

Pues no, no pisé la Sala Copérnico. Y lógicamente no voy a comentar el concierto. Pero si me gustaría hacer una reflexión sobre el precio del mismo.

Cuando vas de anticapitalista por la vida, cuando el compromiso político va mucho más allá de las letras de tus canciones, poner el precio de un concierto de Punk a 24 euros me parece que es reírse de la gente.

Estamos hartos de ver a grupos actuales de primer nivel, como Lumpy and the Dumpers (nunca me cansaré de decir que son los putos amos), por seis míseros euros. Grupos que vienen desde USA, que tienen los mismos gastos. Bueno igual no van a un hotel lujoso, pero ya me entendéis. Comen, viajan, duermen… ¿Por qué Jello Biafra vale 4 veces más? Cuando, además, va a ir mucha más gente a verle. No se trata de multiplicar 6 euros por 40, 80, 200 o 300 o 500 personas. Estamos hablando ya de multiplicar por 24. Pasta gansa.

Supongo que a estas alturas salen de vuestras bocas palabras como “prestigio”, “trayectoria”… incluso “caché”. A ver, no vamos a poner en duda ni el prestigio, ni la trayectoria de este señor, que para mí es el mejor cantante de TODOS LOS TIEMPOS. Pero no estamos hablando de Dead Kennedys con la formación original que a lo mejor puede justificar ese precio. Estamos hablando del cantante con otra banda, que toca, eso sí, algunas canciones de DK. Y lo del caché, pues qué queréis que os diga. Cada uno pone el suyo. A quién incluso no tiene. Pero, volviendo a lo que decía al principio, cuando todas tus letras critican el sistema capitalista y has dedicado tu vida a ello, el mensaje pierde bastante fuerza, ¿no?

No estamos hablando de casos vergonzosos como el de los Clash fichando por la CBS y diciendo lo aburridos que están de los EEUU para luego acabar vendiendo Levi’s con una de sus canciones estrellas en un spot publicitario. Ni del caso de Rage Against The Machine, cuyo compromiso político se vio tremendamente diluido con las enormes cantidades de dinero que se levantaban con cada festival y vendiendo cientos de miles de discos desde una multinacional, una de esas que explotan a la humanidad. Al menos el señor De La Rocha ha hecho siempre mucho activismo y obra social. Eso también es cierto.

No estamos, por supuesto, ante un caso vergonzoso de estos. Jello sigue sacando sus discos desde su sello. Y tampoco es que 24 euros sean una fortuna. Pero, joder, creo que es pasarse. Si Adolescents o Rezillos han vendido entradas recientemente en Madrid a 12/13 euros, por qué Biafra (que además toca en una sala con más aforo, lo que significa mucha más pasta) tiene qué cobrar el doble que ellos? Y, ya lo he dicho, no son DK. ¿Y por qué los grupos míticos (VIEJOS) tienen que costar más pasta que los grupos de ahora mismo, que ofrecen sus canciones en su momento, en su contexto y con toda la fuerza? Porque, como gilipollas, seguimos pagando!!!!

Para acabar, al César lo que es del César. Hace unos años, en otro concierto de Biafra, el precio era también elevado (no recuerdo ahora, pero creo que era más aún) y tras escribirle, el propio Biafra se encargó de rebajar el precio (tampoco mucho, pero fue un detalle). Y es cierto que el precio no lo pone tanto él como el promotor. Pero creo que si estás tan comprometido como nos haces ver en tus letras y en tus discursos, no está de más controlar los precios de tus conciertos y saber frenar a los promotores cuando haga falta. Pues eso.

Viva el Punk. Aunque sea a 24 euros.

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