Los 50 mejores discos (III).

Avanza el repaso a la discografía que toda persona íntegra debe tener a buen recaudo. No os hagáis los remolones y buscad la manera de conseguir todas y cada una de las referencias que os propone el Sr. Alvarez para el disfrute y el gozo de los sentidos. No os arrepentireis. Palabrita del niño Jesús.

 

40. White Trainers Community ‘The Long Play’

 

 

Cuando a través de un compañero de fatigas de este mismo blog me enteré de la existencia de un grupo de Revival Mod ruso, no me lo podía creer. Quien me conoce, sabe bien que albergo grandes simpatías por la Madre Patria Rusa, pero soy consciente de que es un país abonado al skinheadismo paramilitar y a un hooliganismo más psicópata de lo habitual, debido a su peculiar proceso de transición en el que podemos encontrar analogías y diferencias con el inmaculado de nuestra piel de toro.

En España se dejaba atrás una época gris, de moral pacata, que dio lugar a una explosión hedonista y superficial, de la que buen exponente son los Mods, surgiendo como setas en otoño al calor del visionado de Quadrophenia, película que marcó la senda del pajillerismo flipado para enganchar a la juventud a una tribu urbana. Sin embargo, la situación no era tan boyante en Rusia tras la desaparición de la Gloriosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Allí se vivió un trauma brutal, al pasar de una economía planificada que sin lujos ni caprichos permitía a todo el mundo acceder a unas seguridades básicas, al más brutal e inhumano capitalismo neoliberal, por obra y gracia del servil borracho e hijo de mala madre de Boris Yeltsin y su tropa de gumias traidores, imponiendo la ley del más fuerte en todos los órdenes de la sociedad. Así, no fue de extrañar que el Quadrophenia triburbanero de Rusia terminará siendo Romper Stomper, y que los skins garrulos y los hooligans flipados surgieran por doquier, hasta el punto de provocar miedo y vergüenza ajena en Europa occidental.

Con este panorama, entramos en el siglo XXI y en estas que aparecen los White Trainers Community pasando de garruladas Oi, sacándose de la manga el mejor disco de Power Pop que se ha hecho en lo que llevamos de siglo en Europa, y haciendonos recuperar la fe en el pueblo Ruso. ¡¡¡Viva Putin, copón ya!!!!!

Y es que muchos lo intentan, pero pocos los consiguen: recoger el legado de The Jam, con letras con las que un chaval de cualquier raza, religión o condición, se ve identificado, para crear melodías perfectas y llenas de fuerza. Ya sabéis, Punk, Pop a partes iguales, como en su día hiciesen los Chords, los Teenbeats, los Circles y tantas bandas maravillosas que nos ha legado la tribu de las parkas. Pero como todo mod que se precie, también son gente de su tiempo, y a estos tres chavales se nota que también les gustan los Libertines, Ocean Colour Scene y similares. Eso queda plasmado en el vinilo en su justa medida. Todo ello, trae como resultado un discazo variado, original pero deudor con un mítico pasado que te emocionará y te dará energía para ir a tu bar favorito y defender la mejor música del mundo frente a las putas modas de mierda que asolan a la juventud sin personalidad.

Los Trainers poco duraron, al cambiar de bajista, decidieron también cambiar de nombre, convirtiéndose en los Riots, grupo continuista, aunque centrándose más en los sonidos mods del 79, lo cual hace que por desgracia abandonen el Brit Pop de la década pasada y hagan alguna excursión en el ska patatero, pero aun así les da para ser el mejor grupo Mod de la actualidad.

Lo dicho… ¡¡¡¡viva Putin, viva Lenin!!!! Os dejo un yutuf.

 

 

Coño.. ¡Emilio en Rusia!

 

39. The Cigarettes ‘Will Damage Your Health’

 

 

Con un nombre que evoca a uno de los más ridículos y a la vez placenteros vicios de la humanidad, nos encontramos a un grupo que tiene asegurado un lugar destacado en el altar de este blog musical. Razones, pues unas cuantas que vamos a enumerar, como si de un ejercicio de ciencias naturales de sexto de primaria se tratase:

  1. Son de finales de los 70’s. El momento en el que la música hecha por y para el pueblo haya su máxima y más vital expresión.
  2. Son punks vestidos como mods, o mods haciendo música Punk. ¿Qué quiere decir esto? Que practicaban los dos estilos que a mí más me apasionan, el llamado Revival Mod (sí, es un estilo musical creo que propio y diferenciado de la moñería insustancial que fue la New Wave o el Power Pop yanqui) y el Punk original en su vertiente británica, la mejor y la más injustamente olvidada por los pseudos punkis de nuestra ciudad.
  3. Consiguen conjugar la melodía del Pop y la rabia del Punk como pocos.
  4. No tuvieron grandes jits y pasaron muy desapercibidos, evitando dejar churros-mediamangas-mangoteros en su legado como algunos de sus contemporáneos, cuando después del éxito, empezaron a desvariar y a sobreproducir sus discos, como si de unos Spandau Ballet cualesquieras se tratasen. Secret Affair o los Lambrettas fueron dos de los casos más destacados, aunque no los únicos.

Después de estos concisos argumentos, a cualquiera que aún le quede sangre en las venas, debe ir corriendo a descargar/pinchar en el yutuf/comprar el magnífico recopilatorio que da nombre a una de sus mejores canciones. Aunque todas son buenas buenas a rabiar. Y si les sobran los cuartos, no duden en adquirir los dos singles reeditados por nuestros grandes amigos de Paramecium Records, si es que aún les quedan copias, y si son ustedes tan amables, póngalo siempre que me vean entrar en uno de esos bares de moda, donde les gusta ejercer de pavo real al poner música con objetos del siglo pasado.

 

 

38. Merton Parkas ‘The Complete Mod Collection’

 

 

Uno no puede dejar de sentir simpatía por los abrigos de aviador de la Segunda Mundial de Merton. Como su nombre indica, eran un grupo de Merton, poblacho, suburbio, barrio de Londres, ahora mismo no me acuerdo y no me voy a poner a buscarlo a estas horas de la noche, que me descentro y al final termino buscando porno en el google. Así que si es usted la única persona que está leyendo esto, le pongo deberes para el fin de semana: ¿sabría usted decirme si Merton es un barrio, un suburbio, un puerto o un polígono insdutrial de Londres? Prometo invitarle a un perrito caliente de tofu con salsa barbacoa y alioli si me da la respuesta.

Una vez hecha la disgresión correspondiente a una mente disipada e inestable, volvamos al tema que nos ocupa. Efectivamente, las Parkas de Merton me caen bien, entre otras cosas porque ellos suelen caer mal, pero no a punkarras, jevorros o skins paramilitares, quienes no creo que sepan de su existencia, sino que suelen caer mal a buena parte de la parroquia modorra, de antes, de ahora y de siempre, por, como dicen ellos, ser unos “plásticos”. Por una parte se les acusaba de ser unos moñas (cierto) y por otra, con ese militante nombre, no ser salvaguardas de la pureza y de la ortodoxia sixties. Ya sabemos que un mod, básicamente ha evolucionado de ser un individuo sofisticado y a la última, a ser un espectador de cine de barrio y de las películas de sobremesa de 13tv, por poner un ejemplo más actual. Ante este panorama, yo me posiciono fervorosamente a favor de nuestros protagonistas.

Pero ojo, la aparición en esta lista no obedece únicamente a la necesidad de desahogarme y lanzar las pullas, en verdad que los abrigos verdes con capucha de Merton me encantan, me flipan y creo sinceramente que están muy infravalorados por la parroquia power popera.

Formados por los hermanos Talbot junto a dos amigos de cuyo nombre no me acuerdo y no voy a buscar, su existencia fue breve y azarosa. Al igual que la gran mayoría de grupos del Revival, salieron al rebufo de los Jam, alcanzaron un breve éxito comercial con un par de singles, y rápidamente desaparecieron tras el pinchazo comercial del rollo Mod. Después Mick Talbot alcanzó la fama por juntarse con Paul Weller para montar los irregulares Style Council.

Es un grupo que tiene enormes temas de los que se pueden escuchar tropecientas veces seguidas hasta terminar llorando de emoción, como cuando uno recuerda a esa mascota más querida, o esa vez que tu equipo de baloncesto ganó heroicamente al rival rico y odiado, o cuando recuerdas tu primer amor no correspodido. Vamos, son canciones repletas de emociones, que es lo que en definitiva, es la vida. Llenas de vitalidad, estribrillos coreables, buenas letras, alguna asonada anti-punk, que siempre mola escuchar cuando uno se considera a si mismo punk, y también justo es reconocerlo, alguna chufa cutre y alguna versión prescindible, que no hace si no dar todavía más valor a auténticos himnos para la gente joven de espítitu como son ‘Face in the Crowd’, ‘Silent People’, ‘Hard Times’, ‘Dangerous Man’ y, mi favorita, ‘Put me in the Picture’, sólo por nombrar las más destacadas, dentro de un magnífico recopilatorio que recoge su breve pero intensa carrera.

 

 

37. Exploding Hearts ‘Guitar Romantic’

 

 

La historia de la música está llena de desgracias y tragedias, pero bien se puede decir que en muchos casos los protagonistas se lo buscaron. Los excesos es lo que tienen. Así que si un montañero se va a hacer el notas al K2, tiene posibilidades de espicharla de una forma muy chunga. Un rockero que se vista por lo pies, esto es con botines y chupa de cuero, si sigue las enseñanzas de los grandes profetas rocanroleros, es muy probable que termine igual. Pero siempre hay excepciones, y algunos rockeros pues han muerto como lo haría Paco Jiménez tras volver de unas fantabulosas vacaciones de Semana Santa en Torrevieja. Pero claro, siempre dan más rabia las muertes de los rockeros, en primer lugar, porque el tópico dice que mueren jóvenes, y en segundo, porque no conozco a muchos Pacos Jiménez. Bueno, tampoco conocía personalmente a los protagonistas de este espacio, responsables de hacer una de las más magnas obras musicales en lo que llevamos de siglo. Por eso mismo, sentir rabia, lo que se dice rabia, no puedo sentir mucha, pero si cierta pena y frustración cuando pienso en la de discazos que podrían habernos dejado The Exploding Hearts, grupo que, de haber surgido en los años 70, estaría dentro de la categoría de míticos. Para mí a la altura de los Boys o los mismos Undertones, miren hasta donde llega mi fanatismo.

Entrando en materia, decir que los Exploding Hearts fueron un cuarteto, responsables en cierta parte, de poner a Portland en los primeros puestos del mundillo musical andergraun, hasta tal punto, que el editor-jefe de ésta, su página amiga, llega a confundirla con la más conocida, cosmopolita y cercana Seattle. A principios de este siglo se sacaron de la manga este magnifíco elepé, que a diferencia de muchos contemporáneos tiene una adecuada producción y un ramillete de estupendas canciones del mejor Power-Pop o Punk-Pop, lo que ustedes prefieran. Disco que recoge lo mejor de los Who, de los Ramones, algo del Revival Mod británico, lo mejor del Punk Pop británico e incluso de lo bueno de Yoni Zanders. Gracias al bendito interné, no me costó mucho saber de su presencia e inmediatamente me convertí en fan irredento de la banda. Hasta tal punto llegó mi fanatismo que junto al gran Sergio CGB hicimos chapas con la portada del disco. Ya han pasado unos añitos de esto e, increíblemente, aún conservo un ejemplar en la solapa de una de mis americanas favoritas.

Poco después de la edición de este disco, la desgracia se cebó con el talento. Un puñetero accidente de coche se llevó por delante la vida de tres de los cuatro componentes de Exploding Hearts, mientras llevaban a cabo una de las interminables gira en furgoneta por su país. Evidentemente la prometedora carrera musical de Exloding Hearts terminó y nació la leyenda entre los aficionados al género.

Exploding Hearts no pasaron a los libros académicos de la Historia del Punk, no se les estudiará en la universidad, no obstante si consiguieron algo más importante: dejar un pequeño pero gran legado. Es decir, no han vendido un trillón de copias, ni han influenciado a Kate Perry, pero para quien esto garabatea y, a buen seguro que para unos cuantos más alrededor del mundo, Exploding Hearts son inmortales e imperecederos como la chapa de mi americana a rayas.

 

 

36. Cockney Rejects ‘Oi Oi Oi’

 

 

Las contradicciones son las que hacen grande al ser humano. Las que hacen no dejarlo todo al instinto. Las que nos hacen disfrutar de lo imprevisible, del caos y de lo inesperado.

Por supuesto, yo soy una contradicción con patas. Es así en mis pensamientos “filosófícos”, “sociales” y “deportivos”, no iba a ser menos en los que se refieren a las actitudes musicales. Me explico: por un lado, la violencia me da grimilla, me considero un intelectual aunque probablemente sea un pedante. Y odio el furgol. Pero claro, por otro, no dejo de ser alguien de clase obrera, que ha vivido en entornos proletarios y, porque no decirlo, un tanto gañanes, violentos y estereotipados, pero también honrados, nobles y generosos. De todos es sabido: yo mismo tengo mi lado profundamente gañán. Aunque recele del furgol, me encanta el ambiente que se forma en los bares castizoides y hasta simpatizo con los chavs y, por supuesto, me cago y me meo en la izquierda de salón, en la gente sofisticada y en el hedonismo postmodernista de facultad de Bellas Artes.

Es por todo esto que, aunque reconozco lo paletuzio y simplon que es, me encanta el Street Punk. Además del aspecto actitudinal y vital, es una música simple, pegadiza, coreable, divertida, sin pretensiones… Vamos, una maravilla para el disfrute directo y nocturno.

De entre toda la pléyade de grupos que configuran este fantástico submundo, en mi corazón destacan por encima de todos, los más macarras entre los macarras, los más gamberros entre los gamberros, los incomparables Cockney Rejects, los maestros del Oi!, los más fieles seguidores del West Ham, ese equipo que últimamente se ha puesto muy de moda entre la gañanada merced a una muy lamentable película donde Frodo se une a la Intercity Firm (sip, el Señor de los Anillos es más real y verosímil que ver al pazguato éste dándose estopa con los Bushwackers del Millwall).

Escoger un disco dentro de la discografía de los Rejects no es tarea baladí. Estaba claro que tenía que ser de sus primeros discos, esa saga de divertidos e irónicos títulos, Greatest Hits Vol 1, Greatest Hits Vol 2., etcétera, etcétera. Pero ninguno contiene una de las mejores canciones de Punk del Universo, que contiene todos y cada uno de los rasgos que una buena tonada punkil debe tener y que tan poco se practica en la actualidad. A saber: voz cokney-pumuki, simplismo musical, estribillo pegadizo con coros machacones y letra directa, criticona a la par que divertda. Sip, me refiero a ‘Flares’n’Slippers’. La primera canción que escuché de los Rejects y que me voló la cabeza.

Así que, finalmente, he elegido el fantástico recopilatorio que sacó, allá por el final del siglo pasado, el no menos fantástico sello Captain Oi! (por cierto, mil hace que no sé nada de ellos). La canción de mis amores viene acompañada de todo temazos sobre juliganismo, orgullo de barrio, macarrismo, peleas que harán las delicias del respetable: ‘Hate of The City’,’ Where the Hell is Babylon’, ‘Dead Generation’, ‘I’m not a Fool’, ‘Bad Man’, ‘Greatest Cockney Rip-Off’… Ufff, que maravilla.

Recopilatorio que iba escuchando en un coche, camino de Bergara, ilusionado como un niño pequeño la noche de reyes, el mismo mes en que el Mejor Equipo de Madrid y, por lo tanto del Mundo entero, ganaba la copa de su infecta Majestad de baloncesto. Pero hete tu aquí, que al igual que a todo niño de barrio pobre, en algún momento le llega el varapalo del día de reyes cuando no recibe un puto regalo, yo me lleve una bonita desilusión con el concierto de nuestros amigos del East End. O bueno, quizás no fue tan malo, pero me pillé tal pedo que no me acuerdo de nada y terminé echando mis entrañas debajo de una escalera.

Mientras, fui testigo de una considerable cantidad de peleas, ostias a lo Obelix, a lo Bud Spencer, a lo Double Dragon. La chavalada skin y punkil de toda la península no podía defraudar a sus héroes y tenían que dejar el pabellón bien alto.

El caso es que, como he dicho al principio, no me gusta la violencia, y a pesar del cariño que les profeso a los Rejects jamás he repetido. Una vez más mis prejuicios y mis contradicciones me dirigen. Supongo que aún estoy a tiempo de darles una nueva oportunidad a pesar de que estén más viejos que Maradona y vistan como fans del chándal metal.

 

 

Continuará….

 

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