Sé Lo Que Hicisteis El Último Concierto. Otoño 2017 (y II)

Bueno, pues vamos con la segunda tanda de conciertos de este otoño. No se puede decir que hayan sido escasos o de grupos de menos nivel, pero es cierto que quizás la calidad de los conciertos ha bajado con respecto a los de la primera tanda. Y lo cierto es que mantener el nivel de Lumpy and the Dumpers, Melt Banana, Acrylics y Cocacine Piss es muy difícil.

JAVIER DÍEZ ENA. 10 noviembre 2017. El Juglar.

Lo poco que me gusta ir a Lavapiés. Odio a los jipis… Pero bueno, cuando Javier Díez presentó su recién sacado LP ‘Theremonial’ me quedé sin entradas para verle y tenía que ir sí o sí.

Concierto cortito (siempre es de agradecer) de este cabronazo, porque no tiene otro nombre. Cuando escuché el disco, lógicamente me creí que todos los sonidos estaban hechos con Theremin (¿por qué no hacerlo?) y desde luego se me abrió la boca en un gesto de asombro. Pero pensé que al llevarlo al directo llevaría grabados aquellos sonidos que usa como bases. Pues no. No lleva nada grabado. Y él solo, una sola persona sola, consigue, a base de pedales que graban sonidos y los sueltan en loop, crear unas atmósferas increíbles de capas y capas que te dejan con el culo torcido. Como en el disco: impresionante. Disfruté a tope de sus aquelarres de sinuosos quejidos y fantasmagóricos lamentos. Muy impresionado, en serio.

 

 

YIHAD. 11 noviembre 2017. Wharf 73.

Tuvimos la suerte, gracias a la labor de 1 minuto de Gloria y a la mía propia, todo hay que decirlo, de contar POR FIN con Yihad en Madrid. Y digo “por fin” porque lo intenté dos veces el año pasado y, por h o por b, al final anularon las dos fechas.

Este trío Punk de Beirut, que ha sacado un disco cojonudo curiosamente en mi sello (cómpralo aquí y luego sigue leyendo), no tuvo ni un detalle con la audiencia española y solo se expresaron en su idioma, y en un inglés y un francés bastante precarios. Pero bueno, no fuimos a hacer amiguitos si no a escuchar su música.

Punk muy incómodo y rarito (algunos hablarían de Post Punk) con cierto deje a Dead Kennedys /Espasmódicos en cuanto a lo peligroso de su sonido, pero con los turbantes puestos en un estilo totalmente alejado del clasicismo. Minimalismo abrasivo, originalidad y pasajes tenebrosos (que no siniestros) en un concierto que igual no sonó con la potencia que merecían. El sonido suave conseguido por el técnico (que lógicamente no entendía lo que quería el grupo) más preocupado porque no hubiese ningún acople que por darle fuerza y el hecho de que solo amenazaron al público un par de veces con cortarnos el cuello de manera gestual, hizo que no tuviésemos la ración de violencia que esperábamos. Pero no se puede decir tampoco que los chicos fuesen mancos (pese a que dentro del escenario no se oía una mierda) y salvaron el concierto a base de tirar para adelante y luchar contra los elementos. Creo que su propuesta arriesgada (sin salirse nunca del Punk, eso sí) tanto en lo musical como en lo políticamente incorrecto convenció a los presentes. Al menos a mí me gustó bastante y me pude sacar la espinita por fin. Eso sí. Me encantaría poder verles en su salsa y con un sonido que les haga justicia.

 

 

SHOPPING. 16 noviembre 2017. Funhouse.

Concierto muy mal comunicado o comunicado por unas vías que yo no uso, porque realmente no me enteré hasta unos días antes y porque me lo contó un colega, uno que no tiene Facebook. Igual estamos muy acostumbrados a ver todos los eventos en Facebook y en cuanto alguien no hace evento nos perdemos, pero es que tampoco lo vi anunciado ni en carteles ni en otros sitios. Además, después pregunté a la gente (porque, eso sí, se llenó hasta la bandera) y todo el mundo decía que se lo había dicho fulano o mengano: el boca a boca. La cosa es que funcionó y, como he dicho, se llenó.

Eso sí, ya que la comunicación fue pésima, muchos creíamos que el concierto sería a la hora normal (22:30) y resulta que empezó a las 21 porque había doble sesión en la sala. Total que me llamaron cuando aún estaba casi en la siesta (literal) y tuve que vestirme y salir a toda prisa, perdiéndome tres canciones. Una mierda, vamos.

La cosa es que hace un año o dos alguien me habló del grupo, lo escuché y me moló bastante. Puse en búsqueda los discos en Discogs esperando a pillármelos cuando algún vendedor tuviese varios que me interesasen (por aquello de los gastos de envío) y me olvidé un poco (tengo como casi mil discos en la wantlist). Pero no me olvidé del nombre (eso es que me habían gustado de verdad) y cuando me enteré de que tocaban me llevé una alegría y pensé, mira ahora ya me compro los discos en el concierto. En efecto, me pillé los tres LPs, jeje. Podéis ver mi crítica en mi blog.

Este trío británico lleva un rollito muy B52, pero como si B52 hiciesen Post Punk a lo Delta 5, y lo cierto es que les queda de lujo. Y en directo, al menos el del Funhouse, mucho mejor que en disco. Más inmediato, más rapidito, más “directo”. La verdad es que todo el mundo salió encantado con la impecable factura de sus canciones, con su estilo limpio y muy bailable y con la energía que desprendía, sobre todo la cantante, que trasmitía mucho, pese a tocar en calcetines.

Creo recordar que alguien se quejó de que al grupo le faltaban pedales para sonar diferentes entre temas o para alguna mierda de esas. A ver, lo que sobran en los conciertos son putos pedales de efectos. Que al final la canción la haces a base de superponer efectos y no tiene ningún mérito. Una canción buena, brillante, redonda, como la mayoría de las que hacen estos chavales, suena bien hasta tocada acústicamente. Y creo que la sencillez es lo que debe prevalecer, no solo en el Punk, si no en la música en general. Al fin y al cabo se trata de transmitir y cuando transmite una canción, una voz, sin efectos, sin ayuda de aparatitos, qué duda cabe de que estamos ante algo grande.

No obstante no se puede decir que la seña de identidad de Shopping sea la sencillez, ya que sus temas son matemáticamente complejos, pero sí es cierto que los tocan con una soltura tal y están tan perfectamente conectados en todas sus partes que generan esa sensación de sencillez.

Genios.

 

 

ROTTEN MIND. 26 noviembre 2017. Funhouse.

Otros que tenía en búsqueda y que de repente vienen a Madrid a tocar. Esta vez, eso sí, anunciado, y muy bien, en los canales que controlo.

Teníamos pensado ir a ver a Lumpy a Valencia ese domingo ya que quedamos flipados con su show madrileño, pero cuando cambiaron la fecha de los Rotten Mind de sábado a domingo, deshicimos los planes porque la verdad es que estos suecos molan mazo en disco (mi crítica aquí) y no les habíamos visto nunca y puede que no tuviésemos otra oportunidad. Bueno, pues me arrepiento mucho.

Ya os digo que en disco me gustan bastante. Sobre todo el primero que es más cañero. Aunque el segundo no se queda atrás y es bastante bueno, pese a que bajen un poco el pie del acelerador. Pero en directo estuvieron contenidos, fríos, apagados, no brillaron.

Sus temas, que en vinilo me recuerdan mucho a The Vicious por esa tristeza melancólica de las melodías de voz y a Data Control por la fuerza del primer LP sobre todo, en directo no logró sonarme a eso, salvo en un par de canciones que tocaron al final. De hecho, no me preguntéis por qué, en directo me sonaron más a Marked Men que a The Vicious. Y no es que eso sea malo, pero es que tampoco sonaron como suenan Marked Men. Era todo más gris, a medio gas. Vale que la evolución de la banda les va acercando más a melodías algo menos tristes y más Pop (sin dejar el Punk, eso sí), pero en el Funhouse no brillaron lo suficiente.

Solo al final, coincidiendo con que el público decidió animarse (al final el público es el que hace el concierto), se despertaron un poco y consiguieron salvar por los pelos el concierto. Pero en líneas generales aprueban muy raspados.

 

 

MARAUDEUR. 30 noviembre 2017. Wharf 73.

Lamentable es decir poco. Lo que pasó en el Wharf fue una auténtica vergüenza. Y lo es doblemente: por lo que pasó y porque eso ensombreció la visita de este cuarteto de Ginebra. El grupo seguía tocando sin entender por qué la gente no atendía a sus canciones y por qué discutían airadamente. Y es que mucha gente había ido allí a discutir, no a ver al grupo. De hecho la mayoría de la gente que empezó la discusión estaban allí porque eran amigos de la banda anterior que debutaba ese día y estoy convencido de que si hubiesen tocado Maraudeur solos no hubiesen ido. Es más, la mitad del público que petaba la sala durante la actuación anterior se fue a su casa. Lástima que no se hubiesen ido todos y nos hubiesen dejado tranquilos a los que habíamos ido a ver a los suizos.

Hablaré primero del concierto que es lo importante y después, si queréis dejáis de leer, porque realmente da mucha pena. Dos bajistas, una teclista y un batería, sin guitarras, toda una declaración de intenciones. Ya solo eso me gusta. Y sus canciones también. Se mueven entre el estilo Post Punk naif de Kleenex y una ligera sofisticación más del rollo Delta 5, con toques en ocasiones que más que Synth Punk creo que son Electro Punk. Riffs rarunos que consiguen ser eficaces a base de repeticiones, una voz alucinante y ese aire artie que suelen tener este tipo de grupo.

La primera parte del concierto me pareció un poco lenta. Yo hubiese acelerado más los temas. Y en la segunda parte empezaron ya a sonar temas algo más moviditos y bastante interesantes, lástima que aquí es cuando se jodió todo y determinadas personas no nos dejaron atender como merecía la ocasión. No fue lo que se dice un concierto increíble, pero tampoco estuvo mal. Tristemente lo recordaremos más por la movida que se montó a lo tonto.

La movida.

Movida promovida, sin lugar a dudas.

Los que habéis estado en la sala sabéis que es muy pequeña y que realmente solo ven el concierto los que están en los dos primeras filas. Bueno, pues había mucha gente y era imposible ponerse en primera fila con los dos primeros grupos que se estrenaban (me molaron bastante Interna, por cierto, muy rollito Kleenex también). Cuando acabó el segundo grupo decidimos intentar arrimarnos al escenario a ver si podíamos situarnos bien durante Maraudeur.

No fue difícil porque se salió todo el mundo a la calle. Unos a sus casas y otros a fumar. Así que tanto nosotros como un grupete de 3 o 4 “chicos altos”, vamos a llamarles así, nos posicionamos. Empezó el concierto y todo normal. La gente de atrás la verdad es que no hacía nada por acercarse. Después de un rato una chica entró en silla de ruedas y absolutamente TODOS la dejamos posicionarse en primera línea, sin que nadie obstaculizase su visión. Hasta ahí todo correcto.

De repente, tras un tema, un chico les grita a los chicos altos de delante (que estaban sin molestar en una esquina, ya que al dejar pasar la silla de ruedas tuvieron que replegarse): “ya que estáis en primera fila, al menos aplaudid”. Flipo, ahora es obligatorio aplaudir en los conciertos. Este comentario empezó a activar a determinadas personas que estaban por allí sin hacer mucho caso del concierto. De repente se decidió que aquellos chavales no podían estar ahí disfrutando de ese privilegio.

Habían pagado su entrada igual que todo el mundo, no habían salido a fumar para poder posicionarse y ver el show, habían dejado pasar a la chica en silla ruedas y habían quedado replegados en una esquina, y estaban quietos, sin bailar ni hablar (y sin aplaudir), pero se decidió que aquello era intolerable. Puedo entender que cuando se te coloca un fulano muy alto delante es una mierda, pero cuando ese fulano ha estado guardando su sitio antes de que llegases tú es diferente. Y más si están ladeados y puedes esquivarles visualmente hablando.

Así que se orquestó una especie de motín en el que se decidió, ante la atónita mirada de los músicos que no sabían qué pasaba, que delante no debían estar esos hombres malvados. Y, unas cuantas chicas, que no parecía que tuviesen mucho interés previamente en el concierto (en el Maraudeur al menos), les pidieron, de muy malas maneras, dando órdenes, que se largaran atrás. Ellos se negaron y ellas se colocaron delante a la fuerza, obligándoles a replegarse aún más en su esquina y hacia atrás. Y así estuvieron lo que quedaba del concierto, pendientes de ir ganando milímetros y de estar las primeras sin hacer ni puto caso del concierto. Claro, la gente estaba pendiente de toda la movida, los que estábamos casi delante tuvimos que irnos más atrás para que esta gente nueva cupiese y al final todos acabamos indignados: unos por una cosa, otros por la otra… La gente se puso a discutir a gritos y el concierto fue lo de menos.

“Este es un concierto libre de violencias machistas, lo ponía bien claro en las normas del concierto” dijo un chaval gritando. Me enteré en ese momento que estaba asistiendo a un concierto con “normas”, normas que no me habían pasado, en una sala privada. De hecho eso no es una norma, eso es algo que nunca debe suceder y es de sentido común, ¿no? En cualquier caso la sala no tenía normas escritas y menos una que dijese que los hombres altos deben situarse detrás. Así que la encargada de la sala tuvo que mediar a favor de los chicos que habían pagado religiosamente su entrada y se les estaba arrinconando de aquella manera y exigiéndoles que se largaran.

Y soy el primero en estar de acuerdo en no permitir ninguna violencia machista (no hace falta escribir la “norma”) y en reconocer que muchas veces en el pogo, sin darnos cuenta, nos pasamos (yo el primero). Y entiendo que se llame la atención a un grupo de “machocores” que están empujando a todo el mundo, abusando de su fuerza, pero es que en este concierto no hubo ni pogo ni violencia machista por ningún lado. Lo que si hubo fue violencia e intimidación pero no por parte de ningún “machirulo”.

Estamos llegando a unos extremos que rozan el ridículo y lo único que hacen es perjudicar la verdadera lucha feminista por la igualdad. Lucha en la que debemos estar todos. Pero es que esta gente no va a un concierto, va a marcar territorio y si no hay una situación de conflicto, la generan, buscan el enfrentamiento creando un problema que no existe. Lo siento pero creo que no tenían razón.

Y, en cualquier caso, si piden con educación las cosas creo que se obtienen mejores resultados. Pero ir dando órdenes… Está claro que aquí se buscaba la medallita, un triunfo más en su lucha. Creo que si hubo alguien con una actitud de machito, de gallito de corral, no llevaba calzoncillos precisamente.

Muy triste.

Esperemos que en la próxima tanda de conciertos tenga que hablar solo de la música. También podría haberlo hecho ahora, pero sabéis que yo no soy de los que se callan ante algo que considera injusto.

Mgrtn.

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