Artículos/Opinión

El futuro de los fanzines.

A veces, ¿no tenéis la sensación de que hay demasiada gente en constante estado de ansiedad ante lo que nos deparará el futuro? Frecuentemente, más de la que se preocupa por construir un presente que sustente el porvenir que desearían. El mundo del fanzine, compuesto por personas sensibles y con preocupaciones materiales, no es ajeno a esta realidad, y yo no recuerdo bien si he escrito algo acerca de esto alguna vez, pero seguro que lo he comentado con gente afín más de dos y tres veces. Dejadme que os lo diga ya: el presente que rodea a los que hacemos fanzines es extraño. Siendo esto así, el futuro… ¿A quién le importa?

Desde hace algunos años se vive lo que algunos han llamado “burbuja de la autoedición”. Así como suena de rimbombante y redondo. Surgen por doquier festivales, proyectos y público que son reales, no hay duda, pero al mismo tiempo, también aparecen elementos extraños y debates vacíos que enrarecen la atmósfera liberadora que algún día se pudo respirar en este entorno. De repente, por azar (o no tanto), el fanzine es una cosa que tiene que estudiarse, analizarse, discutirse, compararse, enseñarse y valorarse, también económicamente, como si fuese la última expresión de la cultura popular que llama a nuestra puerta, uno de esos día que estamos saciados de todo y aburridos de vivir. Ha dejado de ser esa manifestación personal (o colectiva) desinteresada, irracional e inconmensurable que le nace a uno (o varios) de sus ganas de comunicar algo al mundo, para convertirse en objeto de culto y adoración por una masa informe de lerdos con ínfulas de artistas emotivos y profundos.

Nunca hay que dejar de recordar que, al mismo tiempo, se puede sentir cómo tentáculos editoriales, de mayor o menor longitud, se unen subrepticiamente a administraciones públicas y fundaciones culturales de índole sospechosa, con objetivos poco claros. Con esto no quiero decir que quienes ayudan a establecer esos puentes tengan algún beneficio personal con ello, ni que su intención quiera ir más allá de difundir una forma de expresión que verdaderamente aman, pero toda acción trae unas consecuencias. Y esas consecuencias son, volviendo al tema que nos ocupa, el futuro del que algunos tanto hablan.

 

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Hace unas semana asistí, aqui en México, a una charla sobre fanzines con el título de este artículo. En principio, como es un tema dentro de mis intereses, siempre intento acercarme a este tipo de encuentros, desde una desconfianza distante, eso si, según el lugar donde se celebre. Después, como, para bien o para mal, tengo tiempo para reflexionar, termino un poco mosqueado y escribiendo columnas como esta. La persona que conferenciaba, proviniente de España (esto ocurría en el Centro Cultural de España en Mexico, organismo oficial que depende de la Embajada y el Aecid), se había preparado entre poco y nada el discurso que nos iba a dar. Con que hacer fanzines es “chachi” (sic), lo especial que se siente uno cuando toca con sus manos los papelitos que componen un fanzine, y alguna anécdota de hace años, se fue despachando el rato. A pesar de que esa persona venía en calidad de artista-expositora, y la charla era una actividad paralela que parece que le endosaron, no pude evitar pensar que debía tener buenos contactos para haberse ganado un viaje a México pagado con dinero público por semejante despropósito de conferencia. La identidad de esa persona no tiene importancia, porque el hecho es que tan solo es un medio para vaciar de contenido un poco más la acción de hacer fanzines, que es lo realmente grave.

Parte del planteamiento era, para poneros en situación, oponer el formato físico al digital. ¿Aún con esto? Joder, ¿este tema no debería estar ya bien superado a estas alturas? Son, a todas luces, compatibles, como así lo viene demostrando la realidad en estos últimos 20 años. Y si el formato físico debe desaparecer porque así lo decidiera la gente que hace fanzines, pues que así sea. Personalmente, dudo que ocurra, pero siempre es una desgraciada posibilidad. Aparte, otro lugar tristemente común que suele aparecer en este tipo de charlas es “el fanzine como forma de trascender, e incluso de labrarse un buen porvenir”. La sola idea de que alguien tenga en su cabeza semenjantes intenciones, me produce verdadero asco. Ya sabemos que hay quien usa los fanzines para construirse un portfolio jugoso y tener un buen trampolín con el que poder medrar en lo suyo, pero es que eso es uno de los principales problemas que pueden convertir algo sano y libre, en un vulgar producto mercantil que juega con otras reglas. En fin, un fraude. Pero ya digo que esta charla en concreto no es lo importante, si no un síntoma de la deriva que va tomando el asunto.

Tengo la impresión de que instituciones como la arriba mencionada, a menudo alimentan discusiones que pretendiendo hacer un sesudo análisis pseudointelectual, no hacen sino confundir los conceptos de qué es un fanzine y porqué se hacen. Profundizar, divagar, argumentar no es malo en sí mismo, pero todo lo que se pueda decir en horas y horas de palabrería barata a favor de lo guay que es hacer fanzines, no significa que con ello se mantenga su esencia, ni que la gente se lance a producir como locos. Lo que si es puramente real es que su origen es la contracultura que se opone a los medios masivos, y la pasión de gente anónima por difundir contenidos que ellos adoran. Es un medio de comunicación que funciona tal cual es, alejado de cualquier actividad económica. Admite mil formatos, y ni siquiera tiene porque ser original, ni estético, ni bien redactado, pero al menos, si parte del universo del creador. Y todos esos valores y detalles definitorios quedan lejos de algunas de las plataformas que se están apuntando al carro en los últimos tiempos. Creo que es una tendencia errónea usarlas para difundir lo valioso de los fanzines, que es lo opuesto a la misión que cumplen dichas plataformas: homogeneizar y monetizar la información y la cultura.

A lo mejor, el concepto del fanzine esta cambiando como tantas otras cosas (el Punk, por ejemplo, que ahora parece tener que ser comprometido políticamente, correcto, amable e insulso), y tendrían cabida muchas de las aberrantes acciones que se ven hoy en día. Pero de nuevo el problema es ¿quién decide qué cambia y hacia qué?¿Los editores de fanzines o una industria cultural pujante que ve un nuevo nicho que explotar o una forma de controlar un movimiento? Hay muchos interrogantes y demasiado poco tiempo para pensar sobre ello, lo sé. Y pensar duele mucho, así que mejor no le deis muchas vueltas.

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