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Outcasts: historia de otro grupo rebelde.

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INTRODUCCIÓN (No me hagan mucho caso)

No soy un fan de ese invento del demonio llamado Facebook, sin embargo hay que reconocer que cumple ferpectamente la función de cotillear la vida de quienes les encanta ser cotilleados cuando se está en la parada del autobús, se está esperando al clásico amigo que llega tarde de cojones o el cuarto de baño está ocupado y hay que mantenerse distraído para no pensar en que te va a estallar la vejiga. Pero sobretodo, justo es recalcar, que entre entrecot y huevos rotos, selfie castizo, invitación al candy crush o las miles de fotos de las mejores noches de la vida de muchas personas, podemos encontrar información interesante, valiosa y constructiva. Esto es lo que ocurrió el 22 de septiembre de 2016; por el Facebook del fantástico blog Fuera en las Calles me enteré que Getty, guitarra de los Outcasts, había fallecido. No os voy a engañar, no es una muerte que me haya afectado en demasía, no me he puesto un lazo negro, ni estuve divagando acerca de lo mucho que he malgastado mi vida. Ni siquiera he estado reflexionando sobre la increíble levedad del ser humano. No tuve la suerte de conocerle, así que no voy a recrear espectáculos tan lamentables como los que he podido ver cuando murieron David Bowie, el Lemmy o Gene Wilder, con gente dando la brasaza, posteando canciones infumables, pintándose un puto rayo en el perfil o repitiendo hasta la saciedad el sketch del jovencito Frankenstein; si hasta la gente malasañera de bien, putas ratas de filmoteca, se les veía afectadísimos por la muerte de Bud Spencer, que pasó de actor cliché para garrulos, a esencia del cine popular y gran actor por obra y gracia del postmodernismo. Si por lo menos, estos pesados pedantazos de los que hablo, se hubiesen dignado a subir escenas de sus míticas peleas, lo hubiera dado por bueno, ya que hubiese servido para pasar un buen rato viendo sus míticos ostiazos, pero que curioso, del bueno de Bud, no subían nada de nada. Vamos que le reivindicaron tras su muerte porque leyeron una entrevista en el Jot Down, pero que les importa tres cojones. No va a ser el caso, no tengo la cara llena de lágrimas porque me embarga la emoción del recuerdo de Getty, pero sí que es verdad que con la excusa del óbito, vamos a aprovechar para reividicar a una de las bandas que es santo y seña de este blog. Y sí, vamos a tener peloteo, alabanzas y parabienes, pero también vamos a intentar ofrecer información y, por supuesto, compartir unos cuantos yutufs para que ustedes lo disfruten y saquen algo de provecho de todo el tiempo empleado en leer a alguien tan brasas como es quien esto escribe.

Así que átense los cinturones, abran una lata de cerveza y coman un pincho de tortilla. Con todos ustedes la apasionante historia de los reyes del Punk de Belfast: ni más ni menos, ni menos ni más que… ¡¡¡¡los OUTCASTS!!!!!

Dicho esto, soltada la bilis, comencemos por el comienzo.

 

DESARROLLO (La chicha, los cotilleos, las anécdotas; vamos, lo que mola)

Los protagonistas de esta historia decidieron arrejuntarse como grupo musical allá por Enero de 1977, movidos por las noticias del nuevo culto que estaba causando sensación por todas partes y, ayudados por el natural ímpetu juvenil, hasta tal punto que no fue hasta un mes después que pudieron hacerse con el instrumental necesario para hacer ruido. Hay que señalar que juntos como banda de música, porque el núcleo irradiador ya estaban arrejuntados de toda la vida, ya que Outcasts estaba formado por los hermanos Cowan (Greg al bajo, Martin a la guitarra y Colin a la batería) y un amigo de toda la vida, Colin Getwood (otro guitarra), conocido fuera de su casa a la hora de comer por Getty. En un primerísimo momento también contaron con un tal Blair Hamilton, encargado de pegar berridos, quien sólo duró tres ensayos, debido a que, como recuerda Greg, se ponía tan rojo al cantar que daba miedo. De este modo Greg se convirtió también en el voceras.

Fue Colin el encargado de la importante misión de bautizar al grupo: Outcasts, algo así como descastados, parias, marginados. Encontró la inspiración tras haber sido expulsados de cinco garitos en dos semanas. Como iremos viendo, hay que reconocer que lo clavó.

Así, ensayo tras ensayo, empezando con las típicas versiones de Pistols, Damned o Ramones, y jaleo tras jaleo, nos plantamos en Agosto del mágico año, momento en el que dan su primer bolo en un pub local de Belfast, el Upper Newtownards Roads. Ya en su primera actuación, la cosa terminó con altercados, dando el pistoletazo de salida a una serie de actuaciones que, según el propio Greg, eran un desastre ya que apenas sabían tocar y, por lo general, Colin a la tercera canción, se dedicaba a desparramar la batería. El punto álgido llegó a la hora de telonear a los Radiators, cuando a Colin le dio por tirar bolsas de sangre de pega al público, mientras Martin se enzarzaba en una bronca con los de Dublín, al pillarles intentando mangar sus pantalones.

 

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Primeros tiempos. ¿No me negarán que tienen cara de cabroncetes entrañables?

 

Todos estos incidentes y otros muchos más, que no vamos a contar porque se haría interminable este texto, les hizo ganar una sólida reputación de gamberros. Motivo por el cual pasaron a la lista negra de los promotores, lo que provocó que escaseasen sus conciertos.

Pero lejos de desanimarse, en marzo de 1978 grabaron su primera demo, inmortalizando temazos como ‘You’re A Disease’, ‘Frustration’ y ‘I Don’t Want to Be No Adult’. De esta primera toma de contacto con el estudio, se recuerda sobretodo que su poca pericia instrumental motivó que la sesión se alargará hasta el infinito. Según Greg, suponemos que exagerando, llegaron a hacer 30 tomas de cada pista. En 1 minuto de gloria lo tenemos muy claro: para hacer Punk bueno no hace falta saber tocar bien; las leyendas nos marcan el camino. Ni se les ocurra hacer caso a esos agentes infiltrados del jevismo que se empeñan en decir lo contrario.

 

 

Durante este tiempo, a pesar de su mala fama o probablemente gracias a ella, fueron consiguiendo una fiel hinchada compuesta por macarras y marginales. Al principio de este video podemos ver un pequeño extracto de lo intenso y divertidos que podían ser los conciertos de estos primeros Outcasts. Lo demás se lo pueden saltar, a no ser que les gusten los imitadores de Billy Idol.

 

 

Mientras, Terry Hooley vio la luz y se unió al Punk, convirtiéndose en el principal mecenas de la escena norirlandesa. Pronto conectó con los descastados, convirtiéndose en su manager y sacando la tercera referencia de su sello Good Vibrations. Por una cara, ese gran himno hecho para marginados e inadaptados de cualquier tiempo y lugar que es ‘Just Another Teenage Rebel’, y por el otro la magnífica ‘Love is for Soaps’. Canción a destacar, porque en la misma, aparte de arremeter contra el empalagoso amor de película de Julia Roberts, se menciona nuestro país o estado opresor, según la denominación que prefieran. Pero no al modo de los Clash, soltando patochadas sobre la Guerra Civil y mostrando una visión similar a la de los viajeros románticos del siglo XIX. Al contrario, nuestros amigos norirlandeses, rechazan viajar a nuestro país como lugar idílico donde pasar las vacaciones con el amorcito a tomar el sol. Así que renegar del amor cursi de telenovela hace que admiremos, incluso más si cabe, a nuestros protagonistas.

Para resumir, la mezcla de estos dos temazos convierte a este disco en uno de los mejores de la música popular. Vamos con la publicidad: recientemente ha sido reeditado por el sello hermano de esta santa casa, Paramecium Records, así que ya están tardando, si es que aún quedan copias.

 

 

Pero sigamos con el accidentado recorrido biográfico de nuestros amigos. De Terry Hooley fue la idea de centrar a la banda en el Ulster, organizando giras por todo el país, sin buscar el salto a Londres. Justo al contrario de lo que hicieron unos cuantos contemporáneos: con resultado exitoso para SLF y Undertones, mientras que por el contrario, la mayoría tuvieron que volver con el rabo entre las piernas a la tierra natal.

La decisión de Terry hizo que, por un lado, Outcasts no alcanzasen mucha repercusión allende el Ulster, pero por otro, se convirtieron en los indiscutibles héroes locales.

 

 

A lo tonto ya nos hemos plantado en 1979. Para nuestros amigos se inicia con la participación en el aclamado EP Battle of the Bands, editado de nuevo por Good Vibrations, y publicando poco después su primer LP, convertido en un clásico del Punk atemporal, Self Concious Over You’. Pero nada más salir al mercado, justo cuando tocaba promocionar el disco a saco, Greg tuvo un accidente de coche que le hizo estar tres meses fuera de combate. Durante este intervalo, Gordy Blair, de Rudi, fue el encargado de sustituirle.

 

 

Otro recopilatorio del mismo sello fue el siguiente plástico de Outcasts, junto a otros grupazos de la escena local, como Shock Treatment con su temazo Belfast Telegraph (no confundir con el grupo ramoniano ese noventero, oriundos de la Comunidad Valenciana), Vipers o Big Self. Nuevamente discazo al canto, pero que supuso su canto del cisne con Good Vibrations, ya que Terry les echó del mismo, cansado de los que problemas que generaba el grupo y su gamberra actitud.

 

 

Sin rencor, ellos siguieron tirando hacia adelante, y como no podía ser de otra manera, participaron en el glorioso documental Shellshock Rock, donde se intentó captar parte de la magia de la magnífica cosecha punk del Ulster.

Tras la salida de Good Vibrations, nuestros descastados optaron por la autoedición, llamado a su sello GBH, por el tradicional acrónimo utilizado por la policía cuando te denuncia, Grievous Bodily Harm, y como todos sabéis, nombre también elegido por cuatro amiguetes punkarras que llevan haciendo mucho ruido durante décadas.

La elección del nombre tiene como protagonista, de nuevo, a nuestro país. Colin, estando de vacaciones por aquí, terminó siendo detenido y acusado con cargos antes de ser deportado. La razón la desconocemos, pero nos imaginamos que la conducta desordenada motivada por el alcohol, unida a las malas pintas, formarían un cocktail más que suficiente para hacer intervenir a nuestros cuerpos de seguridad del Estado. Lo que sí tenemos claro es que no envidiamos nada a Colin, conociendo la fama que gastan nuestros valientes cuerpos de seguridad.

Las canciones elegidas para su debut autogestionado fueron ‘Magnum Force’ y ‘Gangland Warfare’. En esta última se narra un violento incidente en el que se vieron implicados Greg y Martin a la salida del Harp Bar.

 

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Aqui les tenemos en su mejor momento.

 

Y más novedades trajo este estreno en la autoedición. Colin pasó a la segunda guitarra, dejando la batería a un joven de 16 años, Raymond Falls. Además un tal Ross Graham tomó las riendas del grupo, consiguiendo giras tanto por Inglaterra como por Francia.

Así llegamos a 1981, donde lograron participar en el mega festival punkarra acaecido en Leeds, bautizado como “Christmas on Earth”. Dicho festival contaba con un heterogéneo cartel que incluía al nuevo grupo de Malcolm Mc Laren, Bow Wow Wow, los jarcoretas yanquis Black Flag, Exploited y the Damned.

A última hora, Oustcasts fueron incluidos en el cartel, trayendo consigo a una buena parte de sus huestes. Estos fueron los encargados de sembrar el caos y el desorden, sobretodo un tal Peely. Este sujeto se suponía que había sentado la cabeza ya que andaba casado y con una hija, pero como suele suceder con padres jóvenes reformados, a la que tuvo la oportunidad y marchó fuera de casa con los amigotes, aprovechó para correrse la juerga padre y pillarse la madre de las borracheras infames. El muy pillo se coló en el camerino de Exploited para robarles una botella de Vat 19 (suponemos que se trata de una marca de alcoholazo fuerte, aunque ni puta idea, oiga).

Mientras, Black Flag andaban tocando su cacota jarcoreta. La respuesta del público la suponemos positiva y terminaron haciendo aquello que todo buen grupo de Punk debe de evitar: alargar en exceso su actuación, para ya de paso quitar tiempo de la suya a Outcasts. Éstos, ni cortos ni perezosos, invadieron el escenario con guitarras y demás, procediendo a desenchufar los amplis de Black Flag. Como os podéis imaginar, la maniobra no le sentó muy bien a Henry Rollins, iniciándose una pelea digna de los mejores jardines de infancia entre él y Greg para ver quien se quedaba con el micrófono principal. La hilarante situación continuó hasta que, borracho como un mono borracho, apareció Peely, golpeando la espalda de Henry con un micrófono, éste se dio la vuelta, nos imaginamos que dispuesto a soltar un soplamocos al culpable, pero según nos cuenta Greg era tal la cara de chalado fuera de sí del tal Peely, que Henry decidió disculparse y abandonar educadamente el escenario. Aunque no dudo de la veracidad de lo expuesto, y por descontado que mis simpatías están con los de Belfast, me quedo con la duda de conocer la versión del grupete del logo de las cuatro rayitas, por aquello de conocer más detalles de estas batallitas, que tan poco aportan a ser mejores personas humanas, pero bien que entretienen y gustan de ser leídas, ¿verdad malandrín? Que seguro que tienes el (Sálvame) Mátame por Favor como libro de cabecera.

Curiosamente, cuando la gran mayoría de los grupos de su generación estaban separados o agonizando, a Outcasts les sobrevino su mayor éxito comercial, aunque se trataba de una versión del clásico de la Glitter Band, ‘Angel Face’.

Pero la alegría dura poco en la casa del pobre. Una terrible desgracia vino a cebarse con nuestros protagonistas. El 13 de mayo de 1982 Colin Cowan murió en un accidente de coche. Quién fuera, según sus compañeros de banda, el corazón del grupo, había pasado a mejor vida e indudablemente supuso un enorme palo para sus compañeros y hermanos. Hay que destacar el multitudinario y bizarro funeral que se realizó en su honor, cuyo cortejo fúnebre estuvo formado por cientos de punkis saliendo de la iglesia y acompañando a la multitud.

Este increíble y emotivo homenaje convenció a la banda de continuar adelante pese a la pérdida de su carismático batería-guitarra.

Así, el 25 de septiembre de 1982 publicaron su segundo LP, Blood and Thunder, entrando en la rutina de grabaciones y giras. Esta segunda etapa de la banda, la verdad es que no me interesa demasiado. Les dio por imitar ora a Billy Idol, ora al maldito Psychobilly, por lo que no me voy a enrollar mucho. Corramos un tupido velo. Haré como que no paso nada, y avancemos en el tiempo.

 

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Aquí, en su época BillyIdolesca.

 

Finalmente, en 1985, llegó la disolución de la banda, por obra y gracia de quien menos tiempo llevaba en la misma. Raymond Falls dejó la banda para enrolarse en el ejército. Hay que tenerlos cuadrados para dejar un grupo Punk y pasarlo de puta madre haciendo el animal, para seguir haciendo el animal, al mismo tiempo que te joden la vida, que es lo que debe ser estar en el ejército británico. Cosa extraña lo de la vocación militar. En fin, lo que nos importa de esta estúpida decisión es que fue lo que motivó la disolución de los Outcasts, ya que, aunque Greg, Getty y Martin decidieron seguir tocando durante un breve tiempo, ya no lo hicieron bajo el nombre de Outcasts, sino con el de Time To Pray, tirando más hacia el Glam. Es curioso como el grupo aguantó deslices, boicots y tragedias, siguiendo adelante contra viento y marea, para luego abandonar al primer pequeño contratiempo. Suponemos que la rutina y la falta de motivación fueron las causas del final de esta primera andadura de los de Belfast, pero no se preocupen, no es éste el final de nuestra Historia.

 

CONCLUSIÓN (la inevitable paja mental)

En los albores del siglo XXI, debido al creciente interés que iba suscitando el viejo Punk del Ulster, Greg tuvo a bien juntarse con Brian Young, el guitarrista y alma mater de los míticos Rudi y con Petesy, de Stalag 17 a la batería, para formar una superbanda llamada Shame Academy, a la que unos pocos tuvimos el privilegio y placer de ver en directo en nuestra sucia ciudad. Las andanzas con ellos ya quedaron bien explicadas en otro artículo; si acaso recordar que fue una de tantas veces en las que me he arrepentido por tener un inglés digno de Joe Mary Ansar; pero con la inestable ayuda de mis dos acompañantes esa noche (uno de ellos, insigne miembro del politburo de este blog) pude freír, tanto a Petesy como a Greg, a preguntas sobre mil y una cosas -yo creo que hasta les pregunté por recetas de cocina-, y comprobar cómo el hígado de Greg continua en buena forma al tomarse su cubatazo de un trago, como si fuese agua de Bezoya en un día de Julio con el cambio climático a tope.

La experiencia de Shame Academy suponemos haría que le picase el gusanillo a Greg para lanzarse de nuevo a resucitar a Outcasts, y llevarse ese pedacito de reconocimiento que tanto se merecen.

 

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Los Outcasts actuales, a día de ayer.

 

Ni corto ni perezoso, Greg se puso en contacto con el líder en la sombra de Anti Guays en Gira, don Alfredo, y por unanimidad se decidió que los Outcasts debían tocar, sí o sí, en nuestra Malvada Capital del Estado Opresor. Así que por Otoño del 2011 se presentaron por el foro la remozada formación con el simpático y robinson-crusoniano Petesy, esta vez a la guitarra, sustituyendo a Getty, los Cowan, Martin y Greg y un tío a la batería que no me acuerdo como se llamaba, con unas pintas a medio camino entre motero con sobrepeso y hooligan con sobrepeso.

Nuevamente me tocó sacarles de paseo a tomarla por ahí, y nuevamente me lo pase de puta madre a pesar de mi todavía precario inglés.

En cuanto al concierto, decir que ahora lo recuerdo con mucha nostalgia y cariño, y que fue sin duda, uno de los mejores conciertos a los que he asistido en mi vida, aunque en su día recuerdo estar muy estresado y nervioso, con amigos del público de broncas con amigos de la sala. Fue una actuación caótica, donde Outcasts tocaron a toda pastilla sus jits, con cojones y actitud, motivando que estos mismos amigos, contando con la inestimable ayuda de las sustancias dopantes, montaran un bonito y salvaje pogo, con vertido de líquidos, apagón de luces, parón del concierto, canciones tocadas a toda ostia, conatos de enfrentamientos entre la banda y miembros del público y discusiones entre el propio público sobre el grado de intensidad del Pogo, sucediendo lo que entendemos como lo normal: los viejos se quejaban de que los jóvenes les molestaban al bailar. Paradójicamente, en un increíble giro de la naturaleza, a día de hoy son los jóvenes quienes, en un concierto de Punk (o pseudo-Punk) se van quejando de las faltas de respeto, de seriedad y de bonhomía, en una actitud que me hace recordar cuando era un zagal y me dedicaba a hacer trastadas por el parque de la Fuente del Berro, y todos los jubilados por allí presentes se dedicaban a lloriquear, quejarse y amenazar con llamar a la autoridad pertinente si no desistía de comportarme como lo que era, un niño. Sip, a día de hoy, por desgracia, el malasañero medio del siglo XXI se parece más a un jubilado que a un punki. Debe ser cosa del comentado cambio climático, que ha dejado a las nuevas generaciones con un cansancio espiritual que les impide disfrutar de las cosas buenas de la vida, de tal manera que tienen el cuerpo y el cerebro como si todo el año fuese 18 de Julio.

En resumen, por todo lo acontecido, el primer y hasta la fecha único concierto de Outcasts en Madrid fue, probablemente, lo más parecido a verles en Belfast en 1978.

 

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Cartel de tan magno evento (¡ay, se me cae una lagrimilla de nostalgia!)

 

Y ya está, vamos a ir terminando dando las a gracias a Getty y a los Outcasts por su aportación a esa música que conocemos como Punk y que tanto nos hace disfrutar. Su ejemplo nos demuestra que de los entornos más jodidos, las situaciones más chuscas y los momentos más complicados es de donde salen las mejores canciones de Punk. Y si no, prueben, prueben: hagan canciones cuando pisen una mierda, les deje la novia, les echen del curro, o sus abuelos no les compren la PlayStation 4; aparte de quedarse igual de a gusto que después de echar un truño tras comerse un cocido montañés, seguro que son temazos, himnos atemporales del Punk, como los que consiguieron estos norirlandeses, sin más pretensión que hacer el animal y pasarlo bien allá donde fuesen, poniendo al mal tiempo una risotada punkarra.

 

BIBLIOGRAFÍA (esto es un blog serio, ¿¡que se creían!?)

O’ Neill, S. y Trelford, G. (2003): It makes you want to spit! Ed. Reekus Records

Lazell, B. (1995): Punk!, an A-Z. Ed. Hamlyn

Y bueno, polladas que he ido viendo por ahí en Internet, incluido, lo reconozco, la Wikipedia.

 

Siempre a disposición del pueblo: RavishingPunk

 

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3 pensamientos en “Outcasts: historia de otro grupo rebelde.

  1. Me ha gustado mucho el artículo, ideal para desperdiciar la primera hora de trabajo en la oficina.

    Solo quería hacer una puntualización, si la memoria no me falla. Protex, paisanos y compañeros de sello de Outcasts, tocaron en Madrid poco después de Outcasts (un concierto mucho peor, pero al menos podemos decir eso de “yo vi a Protex”). Creo que los “incidentes” que mencionas de conatos de pelea, discusiones con la sala,… ocurrieron en el concierto de Protex. Del concierto de Outcasts recuerdo buenos pogos, sin más.

    Por otro lado, siempre viene bien recordar en artículos sobre le punk irlandés la peli Good Vibrations, ideal para gente que no controle el tema.

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  2. A las buenas noches, estimado señor Mellor.
    Es probable que la memoria me falle, que uno ya se hace mayor y tiende a chochear, pero juraría que, al igual que en Protex, también hubo alguna acalorada discusión acerca del nivel de intensidad del Pogo en Outcasts, aunque vamos, no fue más que un breve intercambio de opiniones y en ningún caso la cosa llegó a mayores, cosa que nos congratula.
    Coincido en que el concierto de Outcasts fue mejor que el de Protex, es lo que tienen las viejas glorias, que es fácil que de la de arena, en vez de la de cal.

    Por otra parte, si no se ha hablado de la peli de Godd Vibrations es porque considero que ya dí la barrila con ese film en el artículo que me tocó escribir de sus paisanos Rudi. Aunque es cierto, tendría que haberlo recordado de nuevo. Nunca se reivindica los suficiente el Punk del Ulster.

    Un placer poder leer comentarios por aquí.
    Un deportivo saludo.

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