Libro: Londres Ciudad Okupada

Ya me habian advertido que este no es un libro de Punk, pero… es que no hago caso. Un evento de la red social por excelencia anunciaba un par de semanas atrás la presentación de las memorias musicales de Richard Dudanski, el que fuera batería de 101’ers, y ocasionalmente de PIL o The Raincoats, entre otros muchos proyectos personales. El lugar era el sótano de la librería Molar (donde, por cierto, varios amigos fanzineros han sido maltratados en los últimos tiempos. Pensaos dos veces el dejar alli vuestro material porque no parece que se valore ni lo más mínimo), y la concurrencia que se dio cita, abrumadora para el espacio.

A pesar de que Richard comentaba que no se siente del todo cómodo con la gente que alaba las colaboraciones musicales de altura que tuvo en el pasado, creo que esa fama no le viene nada mal, en estos momentos de promoción, para vender unos pocos de libros. En mi opinión, podría haberse tirado un poco más el royo con algunas historias “extras” de la época durante la presentación, ya que la mayoría de los que nos acercamos aquella tarde le conocemos a través de las experiencias de entonces, y poco o nada por la presentes. Servando Rocha hacía de maestro de ceremonias y tras la pertinente introducción aludiendo, como era de rigor, a la mitomanía que se desprende de esos animados años en la Pérfida Albión, dejaba al autor espacio para dar unas pinceladas sobre eso mismo: aquellas vivencias en el Londres de la primera mitad de los 70’s, y años posteriores.

No hay mucho más a destacar en ese rato, que no se cuente en el propio libro, salvo un comentario de Esperanza, esposa de Richard, y hermana de la célebre Palmolive, que cargó contra The Clash por haberse ocupado antes de posar para la posteridad (alude a la foto, aún en formato trío, que sería portada de su primer Lp), antes que de componer su propia música. El rencor contra el Punk como ese movimiento al que no se engancharon, se pudo paladear durante toda la presentación. Lo cierto es que al final se convirtió en algo un poco entre homenaje de sus más allegados y derroche de nostalgia, que dejó de interesarme.

Lo cierto es que la lectura coge un ritmo muy dinámico. La sucesión de anécdotas y las pintorescas descripciones de personajes que frecuentaban el entorno okupa, enganchan a la primera. Durante todo el libro se intercalan reflexiones del autor entre la historia, que además de como interludios necesarios para asimilar toda la información e ir componiendo el elenco de personajes principales y secundarios, ayuda a hacerse un poco una idea más clara del temperamento aventurero y analítico de Dudanski. Desde que cogiera las baquetas por primera vez para sustituir al batería oficial de 101’ers hasta la fecha, sus proyectos musicales han sido innumerables. Pero comencemos por el principio.

En el Londres que siguió a los locos y coloridos sesentas, un movimiento generacional nacido de la precariedad y la busqueda de nuevos horizontes en los que desarrollarse, empieza a tomar el control de la propiedad privada o pública, pero siempre abandonada a su suerte. Según lo entiendo no había una reivindicación política clara detrás de todas esas acciones, si no una necesidad imperiosa de buscar los espacios donde crear un mundo a su medida y lo más al margen posible de una sociedad que no les brindaba muchas oportunidades.

La recreación de las casas, sus excéntricos habitantes, y las situaciones que se generaban es realmente amena. El tránsito por las casas, las entradas a la fuerza y el ingenio a la hora de llenarlas de vida son un magnífico ejercicio de urbanismo del inframundo que ocurre a las espaldas de la ciudadanía bienpensante. Y la manera en que comienzan los 101’ers y su Rock comunitario, también merece una especial atención, por la sencillez que emana, y lo natural de todo el proceso. Amigos que se juntan para divertirse y entretener a su círculo más cercano. Y de ahí a la gloria. Si no se hubiese interpuesto la explosión musical del siglo, claro.

Saltando ya al advenimiento del Punk, Dudanski se declara interesado en el fenómeno, aunque pronto desencantado por lo manipulado y ficticio del asunto. Algo se podía sentir en el aire, pero el huracán que llegó nadie fue capaz de anticiparlo. Aunque uno es gran admirador del estilo y obra de esos inquietos managers (más de Mclaren que de Rhodes, a decir verdad), es inevitable reconocer que sus movimientos de hilos tuvieron mucho que ver en la explosión del Punk y su invasión de los medios masivos. Bueno o malo, eso es historia. Como también que Strummer (Woody entonces) era un tipo de personalidad compleja que no dudo mucho en subirse al caballo ganador y dejar a sus colegas bien tirados. Dudanski tuvo una peculiar conversación con Rhodes que le pudo llevar a tomar el control de las baquetas de The Clash, pero la relación no cuajó. Nada en absoluto, de hecho. La definición de su segunda actuación con los Pistols como “algo que se había vuelto una cuestión de provocar al público y buscar pelea más que otra cosa” es simplemente cosquillas para mi cerebro. Otras anécdotas, como una pelea con el bocazas de Steve Jones, sazonan esa época dorada del s. XX por la que algunos sentimos la nostalgia de lo no vivido, tan común en el movimiento Punk de casi toda condición. Las relaciones con bandas, sellos y locales de ese Londres efervescente quedan bien retratadas y, casi, puedes sentir en tu piel la familiaridad que comunican, ya que no han cambiado tanto a lo largo de los años.

Y así van pasando los años, entre estimulantes sesiones con el Lydon más lúcido y otros proyectos personales con antiguos compañeros de viajes musicales nocturnos y tabernarios, hasta casi antes de ayer. Otras localizaciones, como Barcelona o Brasil, también tienen su espacio en la memoria del autor, y sus sonidos particulares redondean una historia basada en la supervivencia y la marcha hacia adelante.

El lenguaje empleado es bastante coloquial, lo que también da buena medida del personaje y su aprendizaje del castellano más vacilón. Toda la obra está ilustrada por Esperanza Romero, y cuenta con un puñado de aceptables imágenes de la época. En definitiva, una lectura recomendada, si devoras todo lo relacionado con la época y el lugar, o estás interesado en las historias de aventuras con un transfondo musical impecable sonando sobre tu cabeza. Es una recreación que no pasará a la historia por su subjetividad, pero eso es, precisamente, lo que más valor aporta.

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