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Revuelta en la tierra de los cacahuetes (I)

¿Nunca os ha pasado que al mirar fijamente un mapamundi, os habéis quedado embelesados, acariciando con los dedos el misterioso conjunto de islas que forman Oceania? Si la respuesta es no, definitivamente, no tenéis alma de aventureros. En los últimos tiempos Australia despierta en mi una curiosidad morbosa. Todas esas imágenes de aborígenes campando por inmesas extensiones de desierto, con sus simpáticos y exóticos animales observándolos desde la lejanía, en una pose entre tímida y desafecta, no me parecen suficiente información. O esas estampas urbanas en las que se aprecia el forzado contraste que forman la edificaciones coloniales de madera con las siluetas de modernos rascacielos. Vale, esto pasa en otras ciudades del mundo, pero no las rodea el mismo halo de incógnita. Porque, la verdad ¿Qué sabemos de Australia? Su aspecto general de subsede del Imperio Británico, y por extensión, su gran influencia norteamericana, esta más que justificado, ya que fue colonia de la Pérfida Albión y, de hecho, aún forma parte de la Common Wealth. Pero también forma parte Pakistan, y nadie se imagina su cultura como un modelo anglosajon a escala ¿no? Es hora de descubrir que se esconde tras todos esos tópicos habituales.

Pero dejemos a un lado mis pajas mentales historico-antropológicas, y vayamos a los hechos que nos ocupan. Es decir, qué hacían las juventudes más inquietas en la década de los ’70 y ’80 para divertirse y molestar a sus adultos. Como el país tiene una extensión de, aproximadamente, quince veces la de España (con menos de la mitad de su población, eso si), vamos a centrarnos en un punto concreto de su geografía. Una ciudad del Estado de Queensland, llamada Brisbane, en la costa este. Situada a unos 600 km. al norte de Sydney, la capital finanaciera, y lejana también de las otras ciudades sureñas más significativas del país, no es un sitio elegido al azar, si acaso te lo estás preguntando, ávido amante del Punk más abyecto. En ese determinado lugar se encuentra lo que podríamos llamar la Londres australiana. La New York de las antípodas. ¡¡¡La margen izquierda de Cangurolandia!!!

Agua en Brisbane

El 24 Enero de 1974, poco después de comenzar el verano australiano, las aguas salvajes procedentes de las lluvias que acompañaron al ciclón Wanda, habían arrasado la ciudad. Las pérdidas se cifraron en mil millones de dólares. Brisbane, así como estaba, semirreducida a ruinas, era un erial marginado de las prósperas ciudades australianas de los estados del Sur. El estado de Queensland considerado no apto para la actividad industrial, permaneció entregado al sector primario: agricultura, ganadería y pesca. Así mismo, la mayor parte de su población era de origen rural, y estaba anclada en modelos de vida conservadores, y estrechamente ligados a la religión católica que llevaron, entre otros, miles de inmigrantes irlandeses. Ante esta perspectiva, como podéis imaginaros, la capital no gozaba de una vida cultural vibrante y apasionada. La dificultad de los adolescentes para conectar entre ellos, tras las clases, auguraba un futuro desolador. Si, además, entre tus intereses se encontraba el libertino y provocador mundo del Rock’n’Roll, y aspirabas a subirte a un escenario para difundir su sagrada palabra, directamente, podías darte por enterrado.

Agua en Brisbane 2

No obstante, algo estaba a punto de cambiar el rumbo de la historia. Entre su poco más de un millón de habitantes, dos jovenes se negaron a aceptar su adormecedor destino. A finales de 1973, Chris Bailey, procedente de la vieja Irlanda, y Ed Kuepper, emigrado desde Alemania, unian su pasión por el Rock americano de los 50’s, el Garage y el Pop de los 60’s, junto a los incipientes Stooges, la Velvet, y Mc5 para formar la primera banda de Punk australiana: Kid Galahad and the Eternals (al comienzo del ’76, ya The Saints), y como no puede ser de otra manera componen, inspirados por la falta de oportunidades y aire fresco que se respira en la ciudad a la que han ido a caer, ese chute de adrenalina y chulería llamado “(I’m) Stranded“. Es conocida la polémica que coronaría a The Saints como la primera banda Punk del mundo, por la fecha en que se grabó este tema, 1974, ya que es anterior a los discos de Pistols y Ramones, pero la falta de interés por parte de sello alguno, hizo que no se (auto)editara, hasta dos años después. The Saints pierde la partida por la mano. No fue la única aventura de la banda, antes de emprender su huida a Londres a “conquistar” la Gloria. Pero esa es otra historia. Volvamos a los deprimidos suburbios residenciales de Brisbane. En uno de ellos, Petrie Terrace, jovenes estudiantes, procedentes de todo el estado, empezaban a tramar sus fechorias. Tras un altercado con un vecino insatisfecho con sus nuevas inquietudes musicales, Bailey y los suyos, decidieron dar el todo por el todo, transformando el piso que compartía éste con su hermana (y al que, tras la salida de ésta, se mudarían Hay y Wegener, el resto de la banda), en el Club 76, su propia sala de conciertos, donde cualquier fiesta era la excusa para tocar. Pero claro, la pertinente autoridad local no estaba dispuesta a que la chavalería se desmadrase a su antojo, y enseguida ordenó una visita del departamento de Sanidad a constatar que la única disposición de un aseo, era motivo más que suficiente para cerrar su nuevo tugurio de ocio. ¡Como si la impertinente tormenta musical que se aproximaba, fuera a frenarla una, dos o tres tazas de water más!

Y en esa misma pocilga con aspecto de squat semiabandonado, Brad Shepherd, que algunos años más tarde formaría Fun Things (y más tarde aún, Hoodoo Gurus), recuerda como se tomó la fotografía que mejor recuerdo le trae de aquella época: él mismo, posando junto a la chimenea que aparece en el video-clip del tema (y en la portada del Lp), con la marca de “(I’m) Stranded” sobre ellos. Otra imágen para el recuerdo es la que tomó de su hermano de nueve años, en el mismo lugar, con vaqueros ajustados, camiseta de Ramones, y mullet, a lo Iggy Pop. Una pista del aislamiento y falta de conexión que sufrían los jovenes locales, nos la da el que les llegara antes noticias de Radio Birdman que de sus vecinos, The Saints. Así, leyendo las revistas musicales extranjeras, descubrieron a Alice Cooper, y a unos muchachos británicos de vestimentas rasgadas y extravagantes, llamados Sex Pistols. Su impronta para la historia se reduce a un Ep, con cuatro temas. El sonido tiene un deje que me recuerda a Testors, u otras bandas primerizas americanas.

Pero al desastrado y tedioso clima de la ciudad todavía se le añadía un contratiempo más. Y no menor, precisamente. Como toda buena historia que se precie, hay un tipo malo. Uno, muy, muy malvado. El gobernador del Estado, Sir Johannes “Joh” Bjelke-Petersen, apodado simpáticamente como “el dictador paleto”, y cuyos ademanes y trato, sus propios allegados comparaban con los del mismísimo Adolf Hitler, se encargaba de velar por la ley y el orden entre sus ciudadanos. Un hombre al que el calificativo “reaccionario” le haría pestañear y sonreir como una colegiala. Su caracter neoliberal, caciquil y anticomunista, le llevaban a reprimir huelgas brutalmente y a crear leyes para proclamar el estado de excepción si se producían peligrosas reuniones de más de tres personas. Sus razzias contra los pueblos aborígenes, los homosexuales, y los socialistas fueron legendarias. Su gobierno duró 20 años, y cayó en el ’87 por los continuos escandalos de corrupción, que llevaron a tres de sus asistentes principales, a la carcel. Los Stranglers dedican a su memoria y a sus tempestuosas maniobras políticas el tema Nuclear Device. Por supuesto, los punks de Brisbane no tardarían en sentir el rancio aroma de su aliento sobre sus nucas. Declarados rápidamente enemigos públicos, se creó un cuerpo policíal especial, la Task Force, que tenía como obsesión reventar cualquier concierto que oliese a feromona juvenil incontrolada, utilizando a los perros si era necesario. Hasta el año ’89, que fueron disueltos, ejercieron el terror en la ciudad. El propio Jello Biafra, tras su paso por la ciudad durante una gira que hicieron los Kennedys en Agosto del ’83, reflejó, en un informe para la revista Maximum R’n’R, que “nunca he conocido un lugar tan cercano a un estado policial en mi vida”. Remataba el retrato de la ciudad diciendo que “la gente es cálida, pero tienen miedo de hablar. Me he sentido más seguro andando por Berlin del Este, que por Brisbane”. Razar, otra de las potentes y virulentas bandas locales, les dedica unas palabras de agradecimiento por su servicio de protección y ayuda al ciudadano. Aunque las malas lenguas dicen que no eran jovenes, en absoluto menesterosos, si se manifestaban como unos desarrapados sociales, a imitación de sus modelos británicos. A mediados de la década pasada hubo una polémica exposición en un centro cultural de Queensland sobre ellos, junto a la edición de un libro que contenía su mejor arte. Amores y odios aparte, si dejaron un par de singles im-pres-cin-di-bles, como legado a la raza humana.

Afortunadamente, no todo fueron trabas. La emisora comunitaria 4ZZZ, situada en su origen en la Universidad, dió apoyo mediático, desde el principio, al nuevo fenómeno musical. Desde los marginales e introvertidos The Saints, a los salvajes y problemáticos Leftovers, también indudables pioneros del Punk en la ciudad. Con un solo single, llamado “Cigarettes and alcohol”, han pasado a la historia por la intensa conflictividad que arrastraban tras de si. Visitas a la carcel, intentos de suicidio, alguna muerte prematura, y furiosa violencia dentro y fuera del escenario eran su tarjeta de presentación. Era una época agitada en la que una de las diversiónes habituales era el destrozo sistemático de los baños de los locales donde se celebraban los conciertos. También increpar a la banda, sobre el escenario al grito de “Cortáos el pelo!”. Ed Wrecker, guitarrista de los Leftovers, recuerda en el documental Bribane Bands, como el hastío de estar siempre sentado en la barra de un bar, y la falta de oportunidades le llevaron a escribir “I only panic when there’s nothing to do”.

Fruto de más aburrimiento y frustración a raudales, y de encuentros esporádicos en la tienda de discos local Discreet, la que mejor selección de Punk extranjero poseía, nacieron Just Urbain. Quizá de las bandas más prolíficas, ya que grabaron tres Ep’s, entre finales del ’78 y principios del ’81, durante los años de existencia del grupo. Hay que admitir que el sonido evoluciona, desde el sonido maquetero de “Burning”/”Guns and Guitars”, hasta el sonido más oscuro del Ep “Everybody Loves”, o posteriormente, ya bajo el nombre de Section Urbane, el Ep “The Final Program”.

El batería de Just Urbain, David Holliday, recuerda bien a los miembros de Leftovers vaciando extintores en un concierto de The Survivors (originalmente Rat Salad), otra pieza del rompecabezas del Punk Brissie de finales de los ’70. Estos, con un sonido menos fresco, más orientado al Proto-punk y a bandas mas sesenteras, se subieron al carro del Punk, pues tenian su potencial en la energía que derrochaban en directo.

De esta manera, los conciertos iban sucediendose entre locales municipales, alquilados mediante engaños, o multiples festivales benéficos, organizados para contrarestar los daños causados por las acciones de Bjelke-Petersen, e incluso, algunas incautas salas que se aventuraban a programar las bandas de estos desalmados jovenes. Los más viejos del lugar recuerdan, aún con estupor, los hechos que acaecieron en el Caxton St. Hall la noche del 30 de Noviembre de 1979, en que tocaban Sharks, una banda de corte más New Wave, para sufragar gastos judiciales, y las fuerzas del orden cayeron con todo su torpe y grasiento peso sobre la multitud que se daba cita allí. Más de 12 adolescentes fueron detenidos y brutalmente agredidos por la policía en la misma calle.

Llegando al final de la década otra banda infravalorada sale a la palestra. Su nombre es Toy Watches, y fueron una banda de melodías muy Pop, con una voz especialmente desquiciada. No hemos conseguido mucha información de relevancia, aparte de que dejaron un single, que hoy debe ser uno de los más dificiles y caros de conseguir del Punk australiano. Se grabó con el sello Peanut Republic Records (una mofa contra el gobernador Bjelke-Petersen, que tenía su residencia en el corazón de la zona del estado, productora de cacahuetes, por excelencia), y contenía dos temas: Too Long y Hawaii.

Y por el momento dejaremos aqui este primer capitulo acerca de cómo emergió el Punk en territorio inhóspito, que como entrante, no esta nada mal. En breve la segunda parte, con otras grandes e irrepetibles bandas de Punk, PowerPop y New Wave, y algunas de sus más representativas anécdotas. También descubriremos quién desertó y se marchó a Sydney a hacer fortuna.
Hay quién dice que cuando Rotten cantaba contra la reina y su régimen fascista, no tenía ni pajolera idea de lo que significaba una sociedad reprimida y tradicionalista, y sobretodo, dirigida por un temible puño de hierro. Brisbane era un lugar duro para ser adolescente en los años del gobierno de Bjelke-Petersen, que duda cabe, pero también hay quien apunta que hemos de agradecerle que provocara en sus jovenes el verdadero y necesario odio como para rebelarse y, entre otras acciones más políticamente comprometidas, crear unas bandas tan geniales como estas.

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2 pensamientos en “Revuelta en la tierra de los cacahuetes (I)

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