Fanzines: Identity Crisis – Punk Subculture And Community

No sé si es una buena idea empezar el año con un texto de alta densidad, pero después de los días de exaltación festiva que, de una manera u otra, seguro que todos hemos vivido, tampoco creo que sea tan grave aportar algo de reflexión para ir recuperando poco a poco la capacidad de pensar. Cada día tenemos menos tiempo para publicar entradas en este blog, ni la ilusión es la misma, pero si un día desapareciera, sería una pena no haber compartido un comentario sobre este fanzine que, si bien no será del interés de la mayoría (¡sorpresa! ¿acaso algo de lo que publicamos lo es?), ni son contenidos que nos hayamos preocupado mucho en divulgar hasta ahora, si entra dentro del temible subconjunto de lo que se podría llamar “todo lo que no es diversión/desfase en el desbordante mundo del Punk”. A veces también hay tiempo para observar lo que nos rodea, y hasta para intentar comprenderlo.

Identity Crisis – Punk Subculture and Community es un fanzine editado en 2007 por Jen Lorang, alguien perteneciente a la escena Punk de la ciudad estadounidense de Olympia, WA. El planteamiento es, a través de un buen número de entrevistas personales, intentar profundizar en los sentimientos de esas personas acerca de su pertenencia a la comunidad Punk, asi como su manera de lidiar con las contradicciones manifiestas que existen en ella y a la confrontación de conflictos de clase, racismo, y género, principalmente. Si habéis leido hasta aqui sin cerrar la página, enhorabuena. Aunque el tema parece espinoso, tampoco voy a escribir una tesis doctoral, no temáis. Tan solo voy a sacar a la palestra algunas ideas que me han parecido interesantes, y aportar mi punto de vista.

 

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El inicio de las entrevistas me ha parecido oportuno, y obvio, ya que se trata de indagar un poco en cómo fue el acercamiento del sujeto al Punk. Casi todos, y entiéndase esto como un análisis muy a posteriori, coinciden en la busqueda de un lugar seguro donde relacionarse con gente afín y protegerse de un entorno hostil. También se habla de personas con algún tipo de trauma, lo que sin ser descabellado -porque ¿quién puede llamarse sano en este mundo podrido que nos ha tocado vivir?-, es quizá un poco genérico. Pienso sobretodo en gente inquieta que no encaja en las culturas de masas y busca pertenecer a algo fuera de lo común. Pero no nos engañemos, supongo que lo primero que todos vimos en su día fue lo lúdico y el desafío a toda autoridad que el Punk lleva implícito. Me pregunto si esa imagen del Punk sigue vigente hoy día. Esta cuestión puede parecer insignificante, pero si nos atenemos a que esa idea que andamos buscando al principio, y su consecución, puede ser lo que haga de nuestra experiencia más o menos positiva, la relevancia de esta pregunta es clave. Las expectativas marcadas, aunque sea de un modo inconsciente, son fundamentales a la hora de examinar esos sentimientos que nos provoca la pertenencia a esta escena. ¿Y cuales serian las expectativas correctas? La gente inteligente dice que hay que mantenerlas bajas. Siempre bajas. No, en serio, hay unas cuantas corrientes dentro del Punk y no tienen mucho que ver unas con otras. Nadie en su plena adolescencia creo que vaya a pararse a realizar un análisis sobre su querencia por la mucha o poca higiene, su compromiso político con la sociedad o su tendencia a la autodestrucción, pero supongo que uno crece y va escogiendo su camino. O su camino lo escoge a él, eso ya depende de otros factores.

En cualquier caso, lo primero seria tener claro que vas a entrar a un grupo que no es ajeno a la mayoría de maldades que destila la sociedad moderna. La comunidad Punk funciona con unas reglas similares a otras comunidades, y algunas otras propias, que en ocasiones tienen que ver con el activismo político, y no se libra de censuras, críticas voraces, cotilleos, ni discriminaciones varias. Hay gurús, modelos a seguir, y gente que se deja llevar. Situaciones como trabajar en alguna empresa mal vista por el grupo (aunque evidentemente sea por necesidad) o romper con el código de vestimenta mayoritario, pueden conducirte al ostracismo. No es el tipo de reacción que se espera de una comunidad que predica la inclusión y la libertad, desde luego, pero así es. Esto es más doloroso aún, cuando, si como decíamos más arriba, has entrado esperando la protección de la manada. Por contra, y cito a una de las entrevistadas, -destacar en el Punk siendo activo es fácil. Solo tienes que hacer algo- Aunque parezca una perogrullada, es impepinable que es un entorno relativamente cómodo para aquellos que busquen notoriedad. Si adoleces de falta de atención en tu medio adolescente, bienvenido, en el Punk hay un sitio para tí.

Aunque hay gente que se empeñe en abandonar el “ghetto” lo menos posible (y esto es una de las cosas que se “denuncian” en el fanzine como algo insano dentro de la escena), pertenecemos todos a esa población mundial básica e intercambiable. Apuntad: relacionarse con otra gente y coger un poco de perspectiva sobre lo que pasa en tu entorno es siempre bueno. Otra idea interesante que se comenta, a modo de anécdota, es que si tu comunidad supera los 150 miembros, esta comprobado por eminentes sociólogos de alguna universidad prestigiosa de vaya usté a saber, el grupo no llega a cohesionar bien, surge descontrol y la sensación de seguridad desaparece. Por lo tanto, crece la insatisfacción. Tenedlo en cuenta cuando queráis que los conciertos que organizáis se llenen hasta la bandera. Mala idea para crear un futuro próspero para tu escena.

 

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Según lo extraído de los testimonios incluidos en el fanzine se podría decir que la escena Punk yankee esta conformada principalmente por hombres blancos heterosexuales que recorren el país abordando trenes, robando en tiendas por entretenimiento (camuflado de supervivencia rebelde, eso si), embriagándose en una espiral de conciertos sin fin, y arrimando cebolleta a todo lo que se menea. Me imagino que alguno ya estaréis pensando en hacer la maleta, pero si os parais a mirar con detenimiento, seguro llegáis a la conclusión de que es una vida un poco vacía. Pues bien, yo con esa película no puedo decir que me sienta identificado del todo. Si bien es cierto que en mi entorno no abunda la diversidad de razas, ni hay mucha variedad de opciones sexuales, si creo que hay ciertos clichés que se han superado. O por lo menos la visibilidad de las mujeres si se ha equilibrado en los últimos años. Pero claro, yo pertenezco al sector de hombres blancos y heterosexuales antes mencionado, entonces, ¿qué puedo saber yo acerca de cómo se sienten personas ajenas a mi condición? Aqui llega otro de los puntos interesantes del estudio: por llamarnos punks y vestirnos como pordioseros, no estamos libres de los prejuicios de raza, género o clase. El hecho de dar por superado temas que nunca has confrontado es poco menos que de una ingenuidad malvada. Escuchar bandas que tratan temas políticos, no te convierte en activista, ni hace que superes mágicamente ciertas actitudes que llevamos inculcadas muy dentro de nosotros. Te puede ayudar o empujar a la reflexión, pero el paso hacia el cambio lo tienes que dar tú. Moralejas y cautivadores sentimientos de culpa  aparte, esto nos lleva a otro baremo de satisfacción y salubridad de la escena: el de las minorías dentro de las minorías. Si la totalidad del conjunto no se siente valorado y apreciado, la estabilidad de ese conjunto hace aguas. De nuevo, miremos a nuestro alrededor y escuchemos a quién nos rodea.

Un debate aparte sería el de porque no hay presencia de gente de otras razas, identidades sexuales y extractos económicos bajos en el Punk (al menos en ciertas escenas que me son cercanas a mi), pero me parece demasiado amplio para tratarlo en este momento. Si atendemos a que se originó en países anglosajones, y que su momento de explosión ya pasó y por lo tanto hoy es un movimiento marginal, podríamos tener algunas claves acerca de porque no es una escena inclusiva con determinados colectivos, o porque ni siquiera esos colectivos estan interesados en ella. Pero ya digo, daría para horas y horas de cháchara ante la barra de un bar.

 

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Otra de las conclusiones que he sacado de esta lectura es que la mayoría de la gente entrevistada, casi en su totalidad con un perfil activista en el movimiento queer o feminista, ha terminado renegando del Punk y alejándose paulatinamente de él. Diría que en esto tiene bastante que ver lo que aducen de que el Punk es una subcultura, que pretende marginalizarse de la cultura dominante y -añado yo- esta basada en un hedonismo consumista casi desde su origen, y que toma un camino distinto a la idea de contracultura, que si busca una confrontación directa con esa cultura dominante. No puedo estar más de acuerdo. Aunque no se puede negar que desde el entorno del Punk (o de alguna de sus ramas, para ser más exactos) han salido aportes y luchas sociales más o menos interesantes, yo sigo viviéndolo como un movimiento esencialmente musical y estético, y a estas alturas, no se me ocurriría esperar ninguna vanguardia revolucionaria saliendo de él. Además, creo que es importante remarcar que todas las luchas sociales en que se ha visto involucrado el Punk (feminismo, veganismo, okupación, etc..) ya existian antes de él, existen con o sin su apoyo, e incluso, a pesar de él y su mala prensa. Esta es mi opinión, claro, y entiendo que choca con la de mucha otra gente que si cree en el Punk como motor de cambio social.

Dicho esto, si creo que existen ciertas actitudes políticas dentro del Punk que lo han enriquecido infinitamente. El manido DIY es el mejor ejemplo de ello. El hacer las cosas por ti mismo y la autoedición han sido esenciales en el sostenimiento de la subcultura durante años, y si que las considero acciones con un mensaje político claro, pero que de nuevo, esta dirigido a marginarse de la sociedad que nos aliena, más que a conseguir cambios sociales a gran escala.

Creo que es la primera vez que me acerco a un análisis del Punk en estos términos, y la verdad, no ha sido tan traumático. A ratos si que ha sido un poco tostón porque se mete en terrenos farragosos como ciertos devaneos psicológicos o la relación del Punk con el citado fenómeno queer, que a mi me cuesta un poco conectar entre si. Honestamente, no termino de ver clara la conexión entre un movimiento musical y estético, como es el Punk, con el tener que promover una educación (política, sexual, social, etc..) entre los miembros de dicha escena. Desearía que todos viniésemos educados ya de casa a través de ámbitos más generales como la escuela o la familia. Que no se me malinterprete, por supuesto que deseo pertenecer a una subcultura sin racismo, ni actitudes heteropatriarcales, ni gente con la cabeza llena de mierda, pero no me veo en la necesidad de cargar con la responsabilidad de los actos e ideas de nadie más que con los míos propios. Al fin y al cabo, como dice alguno de los entrevistados -¿Por que se supone que un montón de jovenes jodidos y hostigados por el sistema deberían unirse de forma natural, y saber identificar y resolver sus contradicciones a la perfección?- Quizá tampoco yo he comprendido el concepto de comunidad, después de todo, o no termino de creermelo. Cosas de vivir en un sistema tutelado por un estado capitalista, supongo.

Espero que no os haya resultado demasiado infumable todo este ladrillo, pero si ha sido así tampoco me importa demasiado porque son reflexiones que a mi me apetecía compartir. El fanzine tiene mucha mucha más chicha que roer a lo largo de setenta páginas con la letra muy pequeña, pero no me apetece extenderme hasta la saturación. Creo que las ideas principales han quedado claras.

En último término, creo que este fanzine es recomendable para todo el que abrace de alguna manera la subcultura Punk, excepto si solo toma su parte más lúdica durante algún fin de semana que otro. En ese caso es mejor que siga alimentando su atribulada cabecita consumiendo toneladas de esa nada que se vende tan cara en estos momentos. Se puede conseguir a través de la web microcosmpublishing.com, que no puedo dejar de recomendar por la jugosa oferta de títulos que contiene en formato fanzine, aunque sea como fútil pérdida de tiempo voyerista.

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